Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Destejido

Hay un campo prometedor: ampliar lo poco que se logra con el sistema formal si las empresas crean un ambiente de estabilidad para sus empleados.

El fin es sencillo: aprender a ver, a oír, a decir. Pilas de ensayos y libros, cientos de congresos y coloquios sobre educación.

Sin embargo, las deficiencias se agravan y en este tema resaltan la desigualdad y la polarización, palabra mal empleada pero sí entendida: extrema pobreza y futuro inexistente por un lado, camino abierto y todas las posibilidades por otro.

El resultado es una concentración de rentas y de riqueza frente a una clase media estancada y una mayoría de población depauperada, excelente caldo de cultivo para lo que hoy presenciamos acrecentado cada día: violencia y delincuencia en sus múltiples formas.

Se agranda el ejército de viejos, al cual, debo decir, pertenezco orgullosamente.

Hay un consuelo: mejoran las perspectivas a largo plazo, claro, en la medida que decrece la natalidad y por lo tanto el número de niños que son víctimas de una instrucción de pésima calidad.

Mejor sería, considero, no tenerla en absoluto.

Una puerta que nunca se abrirá -se crearon hormiguitas que hoy son poderosos e intocables hipopótamos- radica en la supresión de privilegios e injerencias del monstruoso sindicato con sus dos facciones: tan malo el pinto, pacífico con sus bien ganadas prebendas, como el colorado retobón puntualmente revoltoso cada año.

Habrá que investigar qué tanto puede enseñarse a los infantes con hartos días de descanso y de trabajos gremiales, así como de marchas y de plantones, con sueldos íntegros y crecientes, todo pagado por el contribuyente, claro está.

Hay un campo prometedor, casi virgen. Ampliar lo poco que se logra con el sistema formal si la empresa privada, o también la pública, crean un ambiente de seguridad y estabilidad para sus obreros y empleados, el cual considere la carrera a largo plazo y la capacitación permanente para cada uno, de modo que los salarios reales crezcan durante la vida activa.

Lo malo es que la moda en el management va a contracorriente, con despidos, prejubilaciones y mano de obra mercenaria, la conseguida por fuera , para reducir los costos de los corporativos.

A fin de cuentas todo esto conviene más que tener una plantilla leal y cada vez más profesional. Se garantiza un futuro sustentable.

Así, hay que buscar fortalecer el mercado de trabajo en lugar de envilecerlo y destejerlo.

parroyo@eleconomista.com.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas