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Opinión

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Cuánto vale

Vale más sentir la emoción que me produce un objeto que poseerlo.

El hombre que camina I , del escultor y pintor surrealista nacido en Suiza, Alberto Giacometti, quien tuvo la genial idea de alargar las extremidades de sus esculturas de hombres y animales, se subastó en Londres, Inglaterra, en más de 100 millones de dólares, récord mundial.

El individuo sobresaliente en el arte de aporrear un balón se contrata por varias decenas de millones de euros.

El ejecutivo de alguna empresa o banco que se embolsa anualmente sumas estratosféricas.

El líder sindical pata rajada que en el restorán pide el vino Petrus, cuesta más de lo que percibe la mayoría de las familias mexicanas en un año.

El dizque servidor público que se sirve con la cuchara grande a costillas de los contribuyentes.

Las lucubraciones de famosos economistas sobre diferentes teorías del valor se topan con tales realidades absurdas, más válidas según el mercado.

Valor de prestigio, ambición, vanidad, exclusividad.

Amigos míos, los llevaré al sitio inaccesible de la mansión, a mi bóveda reforzada, tiene montones de seguros electrónicos ultramodernos para que se extasíen con el hombre andariego.

Y después al recinto ad hoc para que admiren mi colección de porcelanas, de las mejores del mundo.

Qué vale más, contemplar la pieza de Giacometti o El Grito estremecedor del noruego Edvard Munch, o las esculturas que hablan de Miguel Ángel o una blanquísima escena de playa del español Joaquín Sorolla, o una vasija polícroma maya o la Santa Teresa del italiano Gian Lorenzo Bernini, o una vista del valle de México de José María Velasco o escuchar los tríos para piano de Ludwig van Beethoven, o leer en voz alta un delicioso poema del escritor español Antonio Machado o la prosa placentera del novelista y narrador, Alejo Carpentier.

Vale más sentir la emoción que me produce un objeto que poseerlo. El diario español El País, el 5 de febrero pasado, publica un artículo con este sugerente encabezado: La locura del mercado. Dinero y poder... ¿Por amor al arte?

Me atengo a lo que dice Sánchez Ferlosio en su mágico Alfanhuí: La gente cree que es tesoro todo lo que vale mucho, pero el verdadero tesoro es lo que no se puede vender. Tesoro es lo que vale tanto que no vale nada... El verdadero tesoro vale más que la vida, porque se muere sin venderlo. No sirve para salvar la vida. El tesoro vale mucho y no valer nada. En eso está el tesoro: en que no se puede vender .

parroyo@eleconomista.com.mx

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