Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

¿Banca de desarrollo desde Presidencia?

La banca de desarrollo la forman instituciones de crédito gubernamentales que se establecen con la finalidad de ofrecer préstamos para el desarrollo de sectores específicos (escogidos por el gobierno) en condiciones más ventajosas que la banca comercial: tasas de interés inferiores a las del mercado, concesiones especiales como plazos más largos, mayores montos y repagos más holgados. Una tendencia es que la cartera vencida vaya a un “fondo perdido”, pues la discrecionalidad para el perdón de los adeudos es común. El nombre del juego son subsidios masivos para “poder hacer bien el trabajo”.

La banca de desarrollo tiene una historia larga en México. Surgió como un instrumento intervencionista del Estado para promover mediante financiamientos concesionales a sectores definidos por el gobierno como claves para el desarrollo económico. Su manejo ha sido más político que guiado por criterios de rentabilidad comercial. Desafortunadamente ello llevó por décadas a que muchas de estas instituciones dilapidaran recursos, fueran fuente de corrupción y ocasionaran quebrantos que tuvieron que ser absorbidos por los contribuyentes.

Un exdirector de un banco de desarrollo alguna vez me comentó, con asombroso cinismo, que “mi chamba está a todo dar, no me tengo que preocupar por captar recursos, a mí me dan; tengo largas filas afuera de mi oficina, donde gobernadores y empresarios me vienen a solicitar financiamientos que yo decido; la recuperación de los créditos ya no es bronca mía sino del próximo director”.

La reforma financiera del 2014 trató de corregir esa mentalidad en la banca de desarrollo, introduciendo, entre otros, parámetros de evaluación acordes con criterios de rentabilidad, comités de crédito con reglas claras, mejoras al gobierno corporativo y la incorporación de consejeros independientes. A pesar de que ha mejorado, la banca de desarrollo no es más eficiente.

En México existen nueve bancos de desarrollo y están sectorizados en la Secretaría de Hacienda para ser parte de la visión financiera integral del gobierno conducente a la estabilidad financiera.

El próximo gobierno ha expresado que a la banca de desarrollo hay que devolverle su misión de ser un “auténtico instrumento para el desarrollo nacional”, por lo que estas instituciones dependerán directamente de la oficina de la Presidencia, en ese confuso gabinete dentro del gabinete que ha creado López Obrador. La propuesta es riesgosa: implica un retorno a la mentalidad de los criterios políticos para dar financiamientos, a los subsidios masivos y a la discrecionalidad y falta de transparencia; es decir, una tentación para un populismo financiero. Ojalá alguien le pueda explicar al presidente electo que esto sería un retroceso institucional.

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas