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Opinión

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Año nuevo (II)

Entre otras cosas, deben suprimirse los trámites y las reglamentaciones inútiles; siempre se anuncia su extirpación, pero proliferan como hongos.

Terminé mi artículo precedente con una mención a las élites. Compuestas por gobernantes principales, grandes empresarios, legisladores, jueces, pastores de sindicatos, académicos, escritores, analistas, organizadores, promotores y profesionistas de primera línea, obispos y cardenales así como demás personas que tienen alta condición e influencia en la esfera pública.

Que despierten para el país y sacrifiquen los intereses personales y de facción. Que unan y no dividan. Por ejemplo, que apoyen en vez de devaluar la opción del gobierno de combatir al narcotráfico y al crimen organizado. Mientras no haya otra alternativa, hay que combatir a quienes han comprado para sus fines particulares buena parte del territorio.

Limpieza. Una cruzada nacional, intensa, permanente, que comprometa a todos contra lo corrompido, lo violento, lo desechable, lo mugroso. Una cruzada nacional contra la basura que se mira por dondequiera, moral y material.

Libertad. En este país de monopolios, oligopolios, cárteles, feudos, camarillas y cotos cerrados, hay que eliminarlos. A mayor competencia se obtendrá mayor beneficio para el consumidor y la sociedad en su conjunto.

Suprimir (y en serio) trámites y reglamentaciones inútiles; permanentemente se anuncia su extirpación, pero en la práctica proliferan como hongos.

Confianza. Debemos trabajar para afirmar condiciones o crearlas, en todo caso con el objetivo de que la confianza florezca en cualquier orden de la vida ciudadana. Y es que va de la mano con la seguridad del individuo, incluida, desde luego, la que promueve el ahorro, la inversión y la producción. Hay que enfatizar, claro está, que lo anterior se dé en y para nuestra tierra, no en el extranjero.

Liderazgo. Que no se limite al del gobierno. Igualmente responsables son los dirigentes de cada uno de los sectores mencionados, integrantes de lo que don Andrés Manuel llama, con razón, mafia en el poder, que él busca suprimir para encabezar una nueva. La misma historia de las revoluciones, pacíficas o arrebatadas: la riqueza y el dominio sólo cambian de manos. Fortalecer educación, instituciones, visión a largo plazo y toma de decisiones.

Responsabilidad. Es de todos y no sólo de los antedichos encumbrados. Es de la sociedad en su conjunto y de cada uno de los que la integramos en particular: debemos auditar la acción de los cabecillas, pedir cuentas, exigir el cumplimiento de las leyes y respeto a los derechos.

paveleyra@eleconomista.com.mx

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