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Año nuevo (I)
Aquí más de lo mismo, si no es que peor: corrupción, narcotráfico, violencia e inseguridad. Todo mundo ocupado en la lucha por el poder del 2012.
Falso eso de que el Año Nuevo trae vida nueva. Mis buenos propósitos, ¡ay!, duran tan poco. El panorama planetario es similar, habida cuenta de las diferencias. No desaparecen los nubarrones que se ciernen sobre la economía del globo. Así que veremos si los organismos internacionales y los gobiernos de países punteros y de países endeudados -Estados Unidos a la cabeza- son capaces de sortear los problemas o de lo contrario debemos prepararnos todos, pues una crisis enseguida de la precedente tendría efectos devastadores, sobre todo en México como sufriente espectador.
Aquí más de lo mismo, si no es que peor: corrupción, narcotráfico, violencia e inseguridad. Todo mundo ocupado en la lucha por el poder del 2012: estancamiento económico por inmovilidad de la verdadera política, nada que sirva para tener un país mejor.
Escucharemos las cantinelas y promesas de siempre: erradicar pobreza, desigualdad y marginación. Y la gente, milagro de olvido o de paciencia, volverá a tener fe y votará por quien le parezca su redentor.
Servidor, fantasioso, recalcitrante, ingenuo, por no emplear el calificativo adecuado, el que me conviene, desearía que en este año que comienza diéramos pasos en el sentido que a continuación le comparto.
Mexicanidad. Reconciliarnos con nuestro pasado, así como con el presente, aceptarnos como somos y con la herencia que tenemos y, sobre todo, concentrarnos en un porvenir que labrar.
Fuera extremismos; son ficciones. Mejor hay que tratar de entender y, así, ser objetivos. Basta de metafísica, no más fantasmas , escribe Flaubert en La educación sentimental, esto es, desechar toda zarandaja, como nacionalismo, soberanía e identidad: la primera se gana con libertad interior; en cuanto a la segunda, somos, como dice Vargas Llosa de su Perú, un país que no tiene una identidad porque las tiene todas .
Trabajo. México, al trabajo fecundo y creador, proclamó don Adolfo Ruiz Cortines. Nunca le hicimos caso. Luchar contra la arraigada cultura de la vacación, del feriado, del puente y de la medianía.
Hay que apostar porque el maestro, por su nivel de excelencia, recobre la encumbrada categoría social que tuvo alguna vez, lejanísima.
Trabajemos para que las élites respondan a su responsabilidad de minoría selecta y rectora. Y, de esa manera, no hagan más que pisotear el papel que desempeñan desde hace muchas décadas, que es de depredadoras de la riqueza nacional.
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