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Opinión

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A la cola…

El panorama político semeja una batalla campal: todos contra todos, como en la Revolución, que destruyó lo creado con mucho tiempo y esfuerzo.

Faltantes, deficiencias, llámenles como quieran, pero eso es lo que caracteriza a México. Pueden ustedes decirme que ello sucede hasta en el más adelantado país, Suecia, Finlandia o cualquiera de los que van a la cabeza en bienestar de sus ciudadanos, que nada es perfecto.

Otra cosa es que los atrasos sean enormes y se agrande la brecha entre la realidad y el deber ser. En cualquier capítulo que miremos: ingreso por persona, carga fiscal, finanzas públicas, infraestructura, productividad, competitividad y competencia, eficiencia en el uso de los recursos (sobre todo públicos, pero también privados), servicios prestados por el gobierno, alimentación, salud, seguridad, impartición de justicia y un larguísimo etcétera.

Nos ufanamos de estar en el 15 sitio por tamaño de la economía, mas este indicador no sirve, el que vale es la renta por habitante, en el cual nuestro lugar es penoso, además camina a un desesperante paso cansino, junto con el avance del Producto Interno Bruto (PIB) en su conjunto: tal renta, que duplica a la china, 3,600 dólares, está a años luz de los 42,300 de Estados Unidos.

Tomemos un sector al azar, la educación: jornadas escolares cortas y días de asueto cada vez más frecuentes.

A este rubro se le destina 4.5% del PIB contra 7% en Noruega, en preparatoria se gradúa apenas 41% de los estudiantes y en profesional sólo ¡3 por ciento!

El panorama político semeja una batalla campal: todos contra todos, como en la época de la benemérita Revolución, que destruyó lo creado con mucho tiempo y esfuerzo. Ahora la lucha es más letal que la armada y sangrienta: las únicas acciones consisten en agredir, tú eres el culpable, no, tú. Juego de niños. Juego de irresponsables, de criminales que deberían ser enjuiciados.

Que reconozcan los actores (lideresas y líderes, gobiernos y los entes sobrantes que se llaman legisladores y jueces), con patriotismo septembrino, dos cosas.

Primero: los déficit de hoy débense a la incuria, desidia, imprevisión o incapacidad de sus antecesores durante ¡casi un siglo!

Segundo: únanse y busquen soluciones para eliminar, poco a poco pero sin interrupción, los rezagos.

En caso contrario, estad tranquilos, ya que no habrá quien os incrimine. En esta nación de democracia (perdón, demagogia) ilustrada nadie recrimina a nadie sobre nada. Ni siquiera de los gastos suntuarios inútiles. Seguiremos a la cola de la cola hasta que el cuerpo aguante.

parroyo@eleconomista.com.mx

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