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IA, reúso y eficiencia: la ruta para mitigar el estrés hídrico
La presión del consumidor y el estrés hídrico llevan a las empresas a tratar el agua como riesgo urgente. Ecolab Watermark 2025 muestra demanda de transparencia, tecnología, reúso y alianzas
Ecolab Watermark 2025 mide la percepción en 14 países: en México, la urgencia por agua limpia ya es presente total.
La gestión del agua escaló al tablero. Para Bernardo Villasuso, líder de Tratamiento de Agua en Ecolab México, el punto de quiebre es doble: estrés hídrico local y presión de mercado. “El agua toca todo”: continuidad operativa, reputación y cumplimiento de las estrategias Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG).
En entrevista con El Economista, Villasuso considera que las empresas dejaron atrás la idea de que el recurso “siempre está ahí”. Hoy, los planes de inversión a cinco y 10 años se diseñan con preguntas base: ¿qué agua habrá disponible, con qué calidad y bajo qué reglas? Esa lógica convierte al agua en habilitador del crecimiento, pero también en riesgo: paros, restricciones, litigios, tensión comunitaria y cambios regulatorios.
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Lo que el consumidor ya está midiendo
El estudio Ecolab Watermark 2025 —levantamiento de percepción— confirma que el tema dejó de ser técnico y se volvió cotidiano. En México, 93% de los encuestados dice estar preocupado por el medio ambiente y, en particular, por el agua; 71% la ubica como urgencia “del presente”.
La percepción se traduce en comportamiento: casi ocho de cada 10 consumidores se mantiene leal cuando identifica un uso responsable del agua, y en la misma proporción migra si percibe prácticas deficientes.
Para las compañías, el mensaje es directo: comunicar sin datos ya no alcanza; el mercado exige evidencia, metas y resultados verificables.
Tecnología y decidir en tiempo real
Villasuso plantea que la palanca principal es la información. Hace dos décadas, una planta dependía de muestras y decisiones “una vez al día”. Hoy, sensores y analítica permiten mediciones continuas de variables críticas y ajustes operativos al momento: menos consumo, menos energía y mayor estabilidad del proceso.
En ese marco, Ecolab promueve el enfoque de “cuatro R”: reducir, reutilizar, reciclar y recuperar. Villasuso añade que plataformas digitales —como Ecolab 3D— integran sensores, analítica e IA para anticipar desviaciones.
En 2024, afirma, esas tecnologías permitieron ahorrar 226,000 millones de galones de agua a nivel global, equivalente al consumo anual de cerca de 10% de la población mundial.
El objetivo es que ninguna gota tenga “un solo paso” dentro del proceso, sino varios ciclos antes de su descarga, siempre cumpliendo la normativa. Un dato del Watermark ayuda a dimensionar la ventana cultural: 85% de los mexicanos estaría dispuesto a usar agua reciclada o reutilizada.
IA y centros de datos
El Watermark 2025 coloca a la inteligencia artificial (IA) en la conversación hídrica. Villasuso reconoce un contraste: el consumidor asocia la IA con alto consumo energético, pero subestima su demanda de agua para enfriamiento y operación. Aun así, detecta optimismo: 68% cree que las empresas deben emplear IA para gestionar mejor los recursos naturales.
En México, la expansión de centros de datos —con foco en polos como Querétaro— obliga a integrar eficiencia hídrica desde el diseño: ubicación, fuentes disponibles, recirculación, tratamiento y monitoreo. La discusión, insiste, no es “IA sí o no”, sino “IA con controles”: datos de operación, transparencia y marcos de regulación que generen confianza. No es menor que, según el estudio, solo 45% confía en un uso responsable del agua sin reglas claras.
Brecha de confianza
El especialista recuerda que, a escala país, “una fracción menor del agua se usa en industria y generación eléctrica, mientras la mayor parte se concentra en agricultura y uso doméstico”. Sin embargo, el foco reputacional recae sobre el sector productivo: 70% de los consumidores considera que las empresas no tienen directrices claras para enfrentar la escasez.
Su lectura es que la respuesta no pasa por campañas aspiracionales, sino por alfabetización técnica: explicar dónde está el consumo, cómo se mide, qué eficiencia ya se logró y qué metas siguen.
Alianzas y regulación
El Watermark 2025 refuerza una conclusión: nadie resuelve el agua en solitario. En la presentación del estudio participaron actores del sector público, la academia, organizaciones como el Consejo Consultivo del Agua y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). La agenda converge en infraestructura, datos, innovación y corresponsabilidad.
Villasuso observa con optimismo el avance de una nueva ley de aguas y, sobre todo, el debate que viene en reglamentos y normativas. Señala un punto con potencial transformador: abrir el reciclaje y el reúso con reglas más claras para industria y uso urbano.
El cierre es pragmático: la sustentabilidad dejó de ser “eslogan” para convertirse en gestión de riesgos y competitividad. En agua, la empresa que mida, recircule y reporte gana margen operativo; la que ignore el tema pagará el costo en confianza y mercado.
La escasez de agua ya no es solo falta de lluvia: es estrés local, infraestructura insuficiente, calidad, conflictos de asignación y presión social. Sin eficiencia y reúso, el riesgo operativo se vuelve estructural.