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No es un manifiesto a favor de ser madre
La culpa, el estrés, la angustia de ser madre y profesionista es la otra cara de la pasión, el amor y el orgullo de ser ambas cosas.
Este libro no es un manifiesto a favor de ser mamá , dice Irma Gallo, periodista cultural, de derechos humanos, escritora y, sí, madre. Lo dice sobre su libro, el primero, Profesión: mamá.
Profesión: mamá es un testimonio honesto y directo sobre la experiencia de ser madre trabajadora, de ser una profesionista apasionada pero que también siente un amor rendido y absoluto por su hija.
Éste no es manifiesto, repite Irma. No todas las mujeres tienen que ser madres. Como dice una cita de Almudena Grandes que uso en el libro, ser madre es la experiencia más transformadora de la vida de una mujer. No es una bendición, no es un regalo del cielo, es una decisión y las mujeres, todas, deben decidir si quieren entrarle .
En su libro, Irma cuenta la historia de su relación con Cami, su hija, que ahora tiene 10 años y medio y es, según su madre, una niña muy despierta y muy crítica. Desde el momento del embarazo y desde antes, cuando Irma se pregunta si existe eso llamado instinto maternal.
A lo largo del libro hay cuadros sinópticos que dan opiniones expertas sobre cada una de las aristas de la historia. En el caso del instinto maternal, por ejemplo, Gallo cita a Norma Ferro y a Ana I. Marrades Puig, expertas en biología y también en derecho. Ambas expertas concluyen: la maternidad no es un instinto, sino una función que puede o no ser realizada por el cuerpo.
La culpa, siempre la culpa
Después del parto viene lo complicado: educar a esta niña recién llegada al mundo mientras se mantiene una profesión que no sólo es modus vivendi (aunque sea muy importante ganar dinero), sino también pasión, vida.
Y entonces se pone bueno. La culpa, siempre la culpa. Las mujeres mexicanas venimos educadas en la culpa , dice Irma. Sentimos culpa con respecto a nuestro cuerpo, al sexo, al trabajo, al no casarte a la edad que piensan las tías que debes casarte . Un largo en fin.
En ese contexto, sentir culpa por trabajar y sentir que se le roba tiempo a la crianza del hijo suena normal, casi cliché. Un cliché muy real.
¿Ser madre trabajadora te hace ser también una madre barco?
La culpa te hace tratar de compensar, das permisos absurdos, etcétera. Fue un aprendizaje darme cuenta de que amar a mi hija no significa consentirla. La culpa es muy mala consejera. Es que mira, piensas: No le estoy dando tiempo suficiente ¿Tiempo suficiente de acuerdo a qué, quién pone las reglas? Cargamos la culpa desde la educación sentimental.
Imagínate, yo me crié en los 70 con Candy Candy, la caricatura japonesa, tan sentimental. Pensemos en las generaciones de mujeres que se han educado con las telenovelas. Por supuesto que el modelo de la madre abnegada prevalece.
Tú eres una apasionada periodista, tu trabajo te encanta. ¿Cómo le enseñas a tu hija que el trabajo no es una monserga, el monstruo que le quita a su mamá?
Fíjate que lo pongo en el libro: los hijos, especialmente las hijas, de madres trabajadoras son niñas más fuertes, más seguras. Mi hija a veces me dice: Oye, dile a tu jefe que mande a alguien más de viaje, ¿no?, y yo le explico que no, que necesitamos el trabajo para mantenernos y que tampoco quiero que vaya nadie más a hacer mi chamba, porque mi chamba me encanta.
Creo que es cuestión de los mensajes que transmiten. Si yo llegara todos los días a la casa diciendo que estoy harta de mi trabajo creo que estaría dando el mensaje incorrecto.
En el libro hablas de diferentes aspectos de la educación de tu hija, pero no hablas de la educación espiritual. ¿Qué opinas de ese tema?
Yo crecí en una familia atea, así que mi modelo es ése. Pero el padre de Cami es católico, así que digamos ganó algunas discusiones, como por ejemplo la del bautizo y la de la presentación de los tres años. La Iglesia Católica a mí no me gusta, sobre todo porque me parece muy misógina, pero cuando mi hija convive con sus primos o compañeros de escuela que hacen su primera comunión o qué sé yo, ella me dice que le llama la atención... Creo que no hay que negarle esa parte a los hijos. En mi caso le he dicho que cuando sea grande puede escoger entre todas las religiones. Así me educaron a mí.
¿Y de la educación política? ?¿Cómo formas a una ciudadana?
Yo me considero de izquierda, aun cuando parece que ya no hay izquierda en este país. Creo en la igualdad, en un mundo justo para todos... Lo que yo intento es que esté enterada lo más que se pueda, aunque tenga apenas 10 años. Hace unos meses hablamos del caso Ayotzinapa (Irma Gallo es hermana de Valeria Gallo, la ilustradora y activista que comenzó la manifestación Ilustradores con Ayotzinapa). Yo le conté y ella me decía: qué feo, ¿por qué me cuentas eso? y yo le dije: quiero que sepas del país en el que vives.
¿Cómo construir una ciudadana? Enseñándole desde siempre que hay una responsabilidad, que si salimos con nuestro perro al parque hay que recoger la popó, que no debe atropellar a nadie para lograr sus metas, que defienda siempre sus derechos .
En el libro eres muy abierta sobre tu relación con el padre de tu hija. ¿Tú crees que hay una papá ideal?
No, así como tampoco hay mamá ideal. Algunos hombres con los que he platicado sobre el libro me reclaman sobre que puse poco acerca de los papás que participan en la crianza de los hijos, que cambian pañales y dan de comer. Es cierto: hay un cambio generacional entre los hombres. Ahora el papá no sólo es el que lleva al futbol, o juega, mientras que la mamá es la regañona. Hoy esos roles se comparten más y creo que debemos reconocerlo .
Por último, ¿cómo ves, Irma? ¿Recomiendas ser mamá y profesionista?
Un sí rotundo. A pesar de la culpa, del estrés, todo, lo recomiendo.