En la cima del Tliltépetl (volcán Sierra Negra) a 4,581 metros de altura, en Puebla, se divisa una gran construcción. Es el Gran Telescopio Milimétrico (GTM), un proyecto que se gestó en 1988 y que en el 2011, a más tardar, podría iniciar sus labores de investigación.

Nos reunimos con la Universidad de Massachussets en un Hotel Radisson para proponer la idea. Todavía tenía el pelo negro. Hoy, espero verlo funcionar con algunas canas encima , narra Alfonso Serrano, director interino del GTM y del proyecto.

Se trata del telescopio más grande en su tipo, que podrá ver lo que el ojo humano no puede (rayos ultravioleta y señales milimétricas). Fue planeado por el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) de México, junto con la Universidad de Massachussets, de Estados Unidos. Pero a nivel operativo está en 75% de manos mexicanas , dice Serrano.

Piedritas en el camino

Por Internet circulan críticas muy severas al GTM: estar en total abandono y desviar fondos públicos. Lo cierto es, según Serrano, que el proyecto no está terminado: fue inaugurado en el 2006 por Vicente Fox, pero sólo se finalizó la construcción. Hoy estamos en la fase de prueba, ajustando el equipo, algo que no es sencillo. Otros telescopios han tardado hasta siete años en este proceso , dice.

¿Dinero mal usado? De acuerdo con un reporte del INAOE, en el 2009 el GTM solicitó al gobierno mexicano 137.5 millones de pesos, pero sólo le fueron otorgados 40 millones, por lo que reporta que muchos retrasos se deben a ello.

A la fecha, se le han asignado 92.7 millones de pesos, según el INAOE. Y según cálculos de a expertos, requiere de 100 millones adicionales para operar.

¿Para qué tener uno?

Además de los frutos que aportará a la ciencia (la lista está en www.lmtgtm.org) tiene más potencial.

Hay derrama económica para las ciudades aledañas, pues atrae científicos de todo el mundo y con programas de divulgación científica, hasta a turistas y estudiantes , dice Jurron Bradley, de Lux Research.

También genera empleos. Serrano dice que son 100 personas las que ya laboran de forma directa y otras 100 de forma indirecta.

Pero sobre todo, incentiva el conocimiento: podrá gestar más científicos mexicanos y evitar la fuga de cerebros (en el 2007 el Conacyt registró 13,485 investigadores). Y con ello, poner el ojo del mundo en el país , dice Bradley.