Odebrecht, empresa constructora brasileña, anunció recientemente el lanzamiento de una iniciativa que involucra el uso de blockchain para garantizar transparencia en la adjudicación de licitaciones de obras públicas. Como es bien sabido, blockchain es la nueva tecnología en la que se cifran las esperanzas globales de un mundo mejor, del progreso del mundo. Las promesas del blockchain abarcan expectativas tales como que revolucionará la economía, la democracia, los gobiernos, los contratos entre particulares y casi todo aspecto que el optimismo y las relaciones públicas puedan imaginar. Incluso, lavar la imagen de empresas conocidas por haber hecho de la corrupción su modelo de negocios. Como es el caso de Odebrecht.

El 21 de diciembre del 2016 el Departamento de Justicia de Estados Unidos dio a conocer la investigación llevada contra la empresa constructora Odebrecht y Braskem, su filial, por pagar sobornos a políticos de diferentes países a cambio de contratos de obra pública. La investigación se hizo en colaboración con autoridades de Suiza y de Brasil. Odebrecht y Braskem llegaron a un acuerdo con las autoridades de los tres países, por el que pagaron una multa de más de 2,600 millones de dólares.

Asociar el nombre de la firma que recibió la multa más alta hasta ahora impuesta a una empresa por prácticas de corrupción con la prometedora tecnología de cadenas de bloques puede ser una jugada ganadora de relaciones públicas.

Otras campañas de relaciones públicas, para relacionar a una marca con el progreso, fueron las de empresas de la economía de plataformas como Uber y Airbnb. La economía colaborativa, surgida por las dinámicas de la cultura del código abierto en el software y la horizontalidad de Internet, posibilitaron el surgimiento de experiencias novedosas que suponían un desafío al sistema económico, al ponderar por encima de la competencia y el lucro, la colaboración y el compartir. Uber y Airbnb dejaron convenientemente que se asociara a sus marcas el concepto de economía colaborativa, y en sus comunicados era obligada la aparición de la palabra “progreso”. Lograron así posicionarse en el imaginario como entidades de beneficio comunitario, imagen que con el tiempo se vino abajo. Ambas firmas son la expresión más acabada de la precariedad laboral y la evasión impositiva.

Las expectativas sobre blockchain, tecnología aún en desarrollo que inició en el 2009 con el white paper de Bitcoin, son altas, casi tanto como lo es el desconocimiento de la población en general sobre sus aspectos más puntuales, tal y como lo pasó en su momento con el concepto de economía colaborativa. Conviene entonces desgranar ciertos aspectos que el comunicado de la constructora brasileña pudiera estar omitiendo.

La iniciativa Instituto Observ

Odebrecht ha prometido una inversión de 217,000 dólares para financiar la creación del Instituto Observ, que a su vez desarrollará una plataforma digital basada en blockchain para dar seguimiento a los edictos de licitaciones de obras públicas a nivel federal, estatal y municipal en Brasil. La idea es que esta plataforma identifique si existen sesgos a favor de un licitante en particular en los términos para la contratación pública.

Luego de ser procesada por los aparatos de Justicia de Brasil, Estado Unidos y Suiza, Odebrecht ha diversificado sus esfuerzos para dejar atrás la bien ganada imagen de empresa corrupta y corruptora. El Instituto Observ se inscribe en estos esfuerzos.

Hay otras entidades comprometidas con esta iniciativa además de Odebrecht: el Instituto Ethos, que estará al frente del proyecto Instituto Observ, la startup de tecnología Jusbrasil, la empresa de estrategia global Albright Stonebridge, y la oficina legal Barros Pimentel Abogados.

La participación de Odebrecht, creador de la iniciativa, se limitará al primer financiamiento, para luego deslindarse por completo para no dar lugar a suspicacias.

Emplear blockchain para combatir a la corrupción en una de las regiones más aquejadas por este flagelo, abonando así a la transparencia, financiado además por empresas... ¿qué podría salir mal? Pero —cosa sabida tardíamente por el Doctor Fausto—, el diablo está en los detalles.

En busca de las letras chiquitas

La relativa novedad de blockchain y el gran desconocimiento sobre esta tecnología no nos permiten ver las dificultades que entraña la iniciativa de Odebrecht. Los problemas son del orden de las definiciones, técnicos y sistémicos.

El primero de los problemas técnicos: blockchain, para ser tal, debe ser público. No es purismo dogmático, sino lógica simple. Este sistema fue diseñado para prescindir de mediadores en transacciones entre pares. Las blockchains públicas, como Bitcoin y Ethereum, basan su transparencia y seguridad sobre su acceso libre y universal, sin controles centrales, en las que todo nodo de la red tiene la misma jerarquía. Para que la información ingrese a la cadena de bloques, debe ser aprobada por todos los nodos de la red. Es de su diseño de participación masiva de donde proviene su fortaleza para garantizar la integridad de los datos.

Una blockchain privada requiere, a diferencia de las públicas, de un gestor que haga las veces de administrador entre los nodos de la red, que controle los accesos a la misma y gestione los permisos de lectura y escritura o para auditar los registros, un contrasentido en la naturaleza inicial de blockchain. Con un control centralizado, la transparencia de una blockchain depende enteramente de la confianza otorgada al administrador de la cadena de bloques privada.

El segundo problema técnico: al igual que cualquier base de datos, blockchain es susceptible a problema de garbage in - garbage-out, lo que significa que la fiabilidad de los registros almacenados en ella depende totalmente de la forma en que se originan. Una vez en la cadena de bloques, la inmutabilidad de los datos, tanto en blockchains públicas como privadas, está garantizada; el problema radica en el ingreso de los datos. La fiabilidad de los registros dependerá de los controles de acceso a la red de nodos para garantizar la veracidad de la información ingresada en los bloques, controles que dependerán del administrador, lo que lleva de nueva cuenta al problema de que la fiabilidad depende de un tercero, situación que blockchain debía superar.

A juicio de Santiago Siri, experto en blockchain y desarrollador de la plataforma Sovereing, toda corrupción radica en la mediación. Blockchain sólo puede abonar a la lucha contra la corrupción si opera tal cual fue concebida: un sistema para suprimir las mediaciones. Hasta ahora, la gran limitante de los gobiernos para implementar soluciones en blockchain públicas es que deben renunciar a todo control sobre éstas.

En el caso de Obdebrecht, la blockchain debería ser pública si la intención es la transparencia en los contratos de obra pública con el gobierno, y no privada y gestionada. Esta condición es más pertinente en la medida en que la firma brasileña espera que a la larga esta plataforma sea adoptada por los gobiernos de América Latina para combatir la corrupción.

Existen ensayos exitosos de instancias gubernamentales con blockchain en el mundo. Uno de ellos es el llevado a cabo en la República Democrática de Georgia, antigua república soviética. En este país se puso en marcha un sistema de registros de propiedad basado en blockchain, logrando buenos resultados. Y aquí de nuevo salta el diablo y los detalles: Georgia ya contaba con un buen sistema de registro de la propiedad, logrado después de décadas de arduas reformas. La experiencia indica que blockchain sólo tiene potencial para impulsar las buenas prácticas en los lugares donde éstas ya existen. Esperar que blockchain por sí mismo traiga transparencia y buenas prácticas a una región como América Latina, en que la corrupción es un problema sistémico, es una apuesta absurda.

Odebrecht inició una campaña para lavar su imagen luego de que se conocieran sus acciones criminales. Aprovechando el desconocimiento sobre blockchain, promete una solución a la corrupción que en términos reales es poco viable. Con todo, es cierto que la tecnología de cadena de bloques tiene potencialmente muchas aplicaciones, pero aún falta desarrollarlas.

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