José Antonio Álvarez, consejero delegado de Santander, avisó este miércoles sobre los efectos que puede tener el gravamen a la banca que prepara el gobierno español.

Álvarez señaló que los impactos serían “potencialmente distintos” en función de las medidas que finalmente puedan adoptarse. “Es razonable que cuando se plantee un cambio del sistema fiscal exista un periodo de discusión para analizar los efectos colaterales”, dijo durante la presentación de resultados del primer semestre.

En este sentido, el primer ejecutivo de Santander se mostró en contra de poner una tasa “sobre rentas no generadas”. “Nosotros perdemos dinero en España por tener aquí el centro corporativo”, indicó. También rechazó modificaciones en el tratamiento de los créditos fiscales. “Si ahora revisamos el pasado, la seguridad jurídica sería baja”; asimismo censuró la “doble imposición”.

“El grupo tiene una tasa fiscal de 36 por ciento. En algunos mercados, como Brasil, supera 40 por ciento. Si sobre los dividendos que traemos de Brasil tenemos un nuevo impuesto en España, no me parece fair (competencia justa)”, afirmó Álvarez. “Esta situación podría llevar a las multinacionales españolas a no ser tan internacionales o a replantearse su estructura legal”, dijo.

“Si alguien como nosotros, que depende críticamente del dividendo de las filiales, de las que percibimos unos 4,000 millones de euros al año, paga impuestos en el país de origen y luego tiene que pagar otro impuesto, esto puede afectar a la morfología de las entidades”, dijo.

“Nosotros debemos generar el mayor valor posible para nuestros accionistas. Tenemos que tomar decisiones acordes con los datos encima de la mesa. Actualmente no hay ninguna intención de hacer algo o no. Dependiendo de lo que se haga, tendremos que tomar las decisiones que convengan. ¿La decisión iría en la dirección de un cambio de sede? Probablemente no”, dijo Álvarez, sin descartar del todo este escenario.

Álvarez advirtió que los eventuales cambios en el sistema fiscal deberían evitar efectos que puedan ser contrarios a lo que se persigue e instó a que la prioridad del gobierno debería ser “crear empleo” y reducir la deuda externa. “España tiene una deuda externa neta cercana a 100% del Producto Interno Bruto. De ahí se deriva alguno de los problemas de los que hablamos. Sí nos gustaría que el sistema fiscal pensase en un ahorro a largo plazo, porque España tiene deuda externa neta negativa, lo que nos hace más vulnerables”, explicó.

Popular, en línea con lo previsto

Por otra parte, Álvarez insistió en que la integración con Popular, de cuya compra se cumplió un año, evoluciona según lo previsto. El grupo, no obstante, optó desde inicios de año por no ofrecer cifras individuales de Popular, por considerar que no muestran la fotografía actual de la entidad tras la reestructuración de negocios acometida en el último año.

Popular ganó 41 millones en el primer trimestre del año, según las cifras de la Asociación Española de Banca. Los objetivos iniciales de Santander contemplaban que la entidad aportara una ganancia de 570 millones en el 2018.

“El Popular nuevo y el antiguo no tienen nada que ver. Se ha vendido Quasar, Totalbank (...) Son números muy poco comparables. Cuando compramos Popular, analizamos los números del grupo consolidado y los proyectamos al futuro. Pero ahora tendríamos que ir pieza por pieza y asignar los costos”, dijo.

“Los resultados son más o menos los que esperábamos. Ni mucho peores ni mucho mejores de lo previsto. Lo que sí va acorde son las sinergias. De los 500 millones previstos en total, este año alcanzaremos los 150 millones pautados”, destacó.

Santander también indicó que en torno a 30,000 clientes minoristas de Popular han contratado la Cuenta 1,2,3 desde que el banco empezó a vender a finales de mayo el producto en su red. Popular tenía el año pasado 4 millones de clientes particulares y empresas.