Las perspectivas del envío de remesas a México no son muy alentadoras por la situación que enfrentan los mexicanos en Estados Unidos en materia laboral y de la economía, según establece el Centro de Estudios de Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados en un análisis.

Refiere que ante ese panorama poco positivo, junto con la pérdida en calidad de empleo y los salarios de la economía mexicana, se vulnerará el bienestar de las familias receptoras de remesas, provocando una mayor marginación si se añade el impacto de la apreciación del tipo de cambio y la inflación sobre las remesas. El análisis hace ver que el escenario del envío de recursos resulta preocupante debido a las expectativas poco favorables para los migrantes, particularmente porque las condiciones de trabajo continúan débiles.

Cada vez están encarando más problemas para encontrar empleo ante los mayores controles oficiales y por el ajuste de las expectativas de crecimiento económico que hicieron las autoridades frente a los mercados deprimidos de vivienda y laboral.

Refiere que la evolución de la tasa de desempleo de los mexicanos en Estados Unidos ha guardado una tendencia a la alza al pasar de 12.2% durante la crisis del 2009 a 13.5% en el primer trimestre del presente año. Es más, puntualiza que un año después de la crisis, es decir en el 2010, cuando comenzó la recuperación en la Unión Americana, el desempleo mostró una tasa de 12.4 por ciento.

PIERDEN PODER

En el estudio elaborado por el CEFP se pone de relieve que en el primer trimestre las remesas disminuyeron su poder adquisitivo, afectadas por la apreciación del tipo de cambio y la inflación.

Entre enero y marzo, dichos flujos ascendieron a 5,098.2 millones de dólares, un aumento de 5.5%; sin embargo, fue menor al reportado en el cuarto trimestre del 2010, que fue de 6.5%, lo que refleja un menor ritmo de recuperación.

No obstante, hay una pérdida de poder adquisitivo real que les implicó la apreciación del tipo de cambio de 3.1% y la inflación de 3.5% en el periodo indicado.

En consecuencia, no se puede aseverar que los hogares que se benefician de las remesas vieron mejorar su poder adquisitivo.

Los estados que destacaron por ser los mayores receptores fueron, en primer lugar, Michoacán, Guanajuato y Jalisco.

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