Los accionistas de Caixabank aprobaron, el jueves, la absorción de Bankia, dejando encarrilado el nacimiento de un gigante bancario en España, a expensas solamente del visto bueno de las autoridades regulatorias.

La unión entre el tercer y cuarto banco de España, aceptada el martes por los accionistas de Bankia, generará una entidad líder a nivel nacional, con 25% de mercado y más de 660,000 millones de euros en activos, contando los negocios internacionales; sin embargo, el tamaño de esta entidad seguirá por detrás de Banco Santander y BBVA.

“El objetivo es anticiparnos a las exigencias del entorno”, indicó Jordi Gual, presidente de Caixabank, durante la junta de accionistas extraordinaria.

Ambos bancos defendieron la necesidad de esta operación para anticiparse a los retos del sector, como la escasa rentabilidad provocada por las bajas tasas de interés o la irrupción de nuevos competidores digitales.

“La crisis sanitaria ha acentuado esta situación debido al empeoramiento de la situación económica y a los rápidos progresos que ha habido en el campo de la digitalización”, advirtió Gual.

Los responsables de ambas entidades confían en poder terminar la fusión en el primer trimestre del 2021, una vez obtenida la aprobación de los organismos reguladores.

El nuevo grupo mantendrá el nombre de Caixabank, cuyos accionistas controlarán 74.2% del capital contra 25.8% de Bankia, cuyo accionista mayoritario es el Estado español que la rescató de la quiebra en el 2012 con fondos europeos.

Su presidente será el titular de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, y su consejero delegado Gonzalo Cortázar, que ejerce esta función en Caixabank.

La fusión creará sinergias por 1,000 millones de euros, 770 de ellos procedentes de ahorros.

Algunos participantes en la junta se preocuparon por los 51,000 empleados de ambos grupos, así como por las repercusiones para el cliente ante un mercado cada vez más concentrado que ha pasado de 70 a 11 grandes entidades en una década.