El sistema de seguridad que México ha mantenido a lo largo de la historia colapsó ante los retos que presentó la delincuencia organizada en los últimos años, debido a la falta de institucionalidad y a que las estructuras judiciales y policiacas son primitivas y no sofisticadas. Hoy, el reto del Estado es recobrar el monopolio sobre la violencia, concluye el reporte En la estacada entre gobernabilidad y caos: Democracia no consolidada en México del Centro Woodrow Wilson. Bajo la autoría de Luis Rubio, del Centro de Investigación para el Desarrollo, el texto detalla que la erosión de la capacidad del Estado mexicano, combinado con la presencia de poderosas organizaciones criminales provoca que éstos logren establecer sus reglas vía las mismas autoridades. En algunas entidades mexicanas, así como algunos países centroamericanos con debilidad institucional, los cárteles deciden qué autoridad está completamente anulada.

Estos factores han causado permanente daño social. El sentimiento de miedo instalado en la vida cotidiana tiene un impacto profundo en la toma de decisiones. Así que aunque la mayoría de los mexicanos no son blanco directo de las células delictivas, se han visto forzados a cambiar hábitos, como el de vestimenta, traslado al trabajo, hora de llegada a casa, cómo socializar y hasta en dónde viven. El Centro Woodrow indica que los números de mexicanos de clase media migrando a Estados Unidos va en aumento.

El colapso de las viejas estructuras forzaron a los ciudadanos a adaptarse a un estado de violencia, lo que no significa que ello conduzca a un desarrollo económico y político a largo plazo. El riesgo de una sociedad que vive en permanente miedo es que se torna violenta y tolera otro tipo de agresiones, soluciones extremas, violación de derechos humanos y paramilitarismo.

El informe destaca que en contraste con los tiempos pasados de autoritarismo, en el que el lugar de disuadir al crimen organizado, se gestionaba con ello; las autoridades deben estar conscientes de que es necesario garantizar la seguridad de sus ciudadanos y para ello, debe existir una policía y sistemas judiciales modernos, capaces de erradicar a las redes delincuenciales y restablecer la primicia del Estado como autoridad gobernante.

El verdadero reto, de acuerdo con el documento, es construir una nueva estructura de gobernabilidad, capaz de enfrentar los nuevos desafíos de un contexto de democracia. El antiguo sistema no estaba basado en reglas democráticas, funcionaba porque se establecía en una estructura donde los incentivos ideológicos y prácticos brindaban estabilidad y permanencia; sin embargo, la sociedad tuvo que hacer frente con prácticas informales y corruptas.

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