Este miércoles, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación revisará el caso de solicitud de amparo de una indígena nahua, sentenciada a 22 años de prisión por homicidio y adulterio al dar a luz a su bebé, que murió al nacer y que fue producto de una infidelidad.

Adriana Manzanares, originaria de Ayutla de los Libres, en el 2006 tuvo un aborto espontáneo a siete meses de su gestación, el nonato fue producto de una relación extramarital, relató su abogado.

La asamblea de su comunidad la apedreó para obtener la confesión, relató Javier Cruz Angulo, abogado de la indígena, y detalló que el esposo de Adriana se había marchado a Nueva York, EU, cuando ella se relacionó con otro hombre. El padre de la acusada se percató del embarazo y la golpeó durante tres semanas y posteriormente, su marido regresó de EU y la apaleó otras dos semanas.

Ante la negativa de confesar quién era el padre, la asamblea de la comunidad la apedreó hasta obtener el nombre. Virgilio Cruz Ortega compareció y también recibió pedradas.

Los golpes y las condiciones de insalubridad en las que se había expuesto a Adriana pudieron provocar un parto prematuro en el que murió el bebé, argumentó en entrevista el abogado. Debido al temor que tenían a la comunidad escondieron el cuerpo del bebé, por lo que ella fue juzgada y sentenciada por homicidio calificado. Virgilio Cruz Ortega fue juzgado, pero salió absuelto.

Aunado a lo anterior, el juicio se llevó a cabo sin un adecuado ejercicio de interpretación. La acusada no hablaba español en ese momento.

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