Las horas pasaban y se notaba cada vez más la fatiga en sus rostros. Era de esperarse, pues el calor pegaba con 32 centígrados pero con una sensación térmica de 40 y el presidente no aparecía en escena.

A unos 40 minutos de la ciudad de Tapachula, Chiapas, y en medio del campo, más de 500 personas esperaban ansiosas la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador para el lanzamiento del programa Sembrando Vida, el cual  pretende “marcar una ruta distinta” para la migración.

A lo lejos, un imponente convoy militar, de casi 40 camiones, parecía vigilar el Vivero Forestal Puerto Madero, donde la gran mayoría de los asistentes, entre ellos agricultores de unos 20 municipios de Chiapas y al menos 100 migrantes centroamericanos, estos últimos el sector objetivo del nuevo plan de gobierno, habían llegado desde las 9 de la mañana. Y no fue sino hasta las 4 de tarde, siete horas después, que por fin lograban ver, con gran expectativa, la llegada del mandatario mexicano, junto con su homólogo de El Salvador, Nayib Bukele. Con ellos llegaron también Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores de México.

“Voy a ser muy breve porque ustedes llevan mucho tiempo esperando”, así arrancó Marcelo Ebrard para luego explicar su visita un día antes a la ONU para contarle al secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, “el famoso o ya presentado Plan de Desarrollo Integral” para Centroamérica.

Adelantó que dicho programa que inicia con Sembrando Vida, el cual plantea dar empleo a miles de migrantes y agricultores regionales a través de la siembra de árboles frutales y maderable, tendría 200,000 hectáreas más de las que ya habían propuesto. Y que en El Salvador iniciaría con más de 30 millones de dólares de transferencia directa dentro de un programa que contempla más de 100 millones de dólares.

Ebrard agregó que el Salvador aplicaría un programa similar en más de 50,000 hectáreas, además de que nuestro país tiene listos los fondos “ sin condiciones, ni políticas, ni económicas, ni financieras” para iniciar ese programa.

Cuando Nayib Bukele, presidente de El Salvador, tomó la palabra, no logró ocultar su simpatía con el mandatario mexicano. “Tienen un lujo de presidente”, lanzó al tiempo que defendía el mandato de López Obrador.

“Él no va a poder arreglar todas las cosas en seis meses, ni en un año, ni en dos. Así que apóyenlo, denle tiempo, porque los cambios tardan, los cambios cuestan; y si Roma no se hizo en un día, México tampoco se va a hacer en un día”.

“Les va a costar conseguir otro así. Entonces, apóyenlo”, sentenció.

Ya al final López Obrador reiteró su llamado a evitar la xenofobia contra los migrantes, además de anunciar que él apoyará a El Salvador con 30 millones de dólares para la siembra de 50,000 hectáreas, que generarán 20,000 empleos permanentes, “la región va a dar el ejemplo a nivel mundial de cómo debemos llevar a la práctica la fraternidad universal”, dijo.

Acto seguido, ambos mandatarios procedieron a la siembra de un árbol como parte del programa Sembrando Vida, donde López Obrador, en una distracción golpeó el rostro de Nayib Bukele cuando el mexicano le levantaba la mano como muestra de la unión entre ambos países, causando la risa de los presentes.

Después de casi una hora de iniciados los discursos y sumando ocho horas ya en el lugar, aquellos agricultores y migrantes debían aún esperar los camiones que los llevarían de regreso a sus hogares.