Cerca de 2,000 migrantes, provenientes  principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala, que buscan llegar a Estados Unidos pasan sus días en el albergue temporal ubicado en el estadio Jesús Martínez Palillo, localizado en la alcaldía de Iztacalco.

En esta ocasión, el acceso al albergue está más controlado, pues se han desplegado tanto en la entrada como al interior del espacio aproximadamente 200 policías. La Secretaría de Bienestar se encarga del primer paso, registra a los migrantes, les coloca una pulsera verde y les entregan cobijas y kits de higiene personal.

A las 2:00 pm cientos de personas se forman para recibir comida. Una cocina móvil de la Secretaría de Marina tiene la capacidad de entregar 15,000 raciones diarias, la tarde se sirvieron fideos y picadillo, acompañados de arroz, frijoles y tortillas.

En la fila, junto a integrantes de la comunidad LGBT, espera Justin de 18 años, quien desde hace 12 días salió de Honduras para llegar a EU.

El joven hondureño califica que los servicios y trato de las autoridades mexicanas han sido excelentes desde su entrada al país.

“En el albergue llevó dos días y el trato es excelente, gracias a Dios que sí hay personas buenas en México. Hemos recibido bastante asistencia, tanto médica como de derechos humanos, nos vienen explicando todo”.

Al hablar sobre su orientación sexual, Justin asegura que ha sido víctima de un trato discriminatorio por parte de los integrantes de la caravana, más no por las autoridades mexicanas.

Sin embargo, aclaró que entre la comunidad LGBT pese a ser de distintas nacionalidades han tenido la oportunidad de relacionarse. “Estamos separados, pero entre nosotros nos llevamos muy bien”.

A diferencia de Justin que viaja solo, Ana, también de Honduras, carga a un niño de dos años y está acompañada de otros dos, una niña de siete y un niño de 11, sus hijos.

Con 27 años, es la segunda vez que intenta cruzar el país para llegar a territorio estadounidense en donde vive su madre; la primera vez fue deportada.

“La primera vez que vine fue con la caravana que ahorita está en Tijuana, con la caravana sólo llegué hasta Juchitán en Oaxaca, me les quise adelantar y me agarraron en Veracruz, espero no soltarme otra vez porque me agarrarán de nuevo”.

Ana dijo que no ha sido difícil cruzar el país con sus tres hijos ya que todos sus compañeros “le han echado una mano”.

Dentro del albergue instalado bajo la coordinación del gobierno federal y capitalino, así como con el apoyo de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, a los migrantes se les proporcionan tres comidas al día, cobijas y colchonetas. Servicio de baños y regaderas, atención médica, psicológica, dental, así como corte de cabello y actividades lúdicas y deportivas.