Las elecciones del pasado 5 de junio en las 12 contiendas para gobernador, así como en la elección de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, confirmaron una tendencia gestada desde el 2015, año en que los electores ejercieron un voto de castigo a los malos gobiernos a nivel local, observó el Centro de Investigación para el Desarrollo AC (CIDAC).

Un equipo de investigadores de este instituto recoge que, de acuerdo con los resultados reportados por el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), en ocho de los 12 estados se dio lugar a una alternancia del partido en el poder, lo que reconfiguró la distribución del poder. El PRI perdió seis estados Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz- mientras que el PAN cedió sus gubernaturas en Sinaloa y Oaxaca, ambas producto de una coalición con el PRD.

Eréndira Cuevas, Carlos De la Rosa, Ximena López, Mireya Moreno y Rafael Vega, de este think tank, concluyen que el hartazgo de la ciudadanía con el desempeño de sus gobiernos fue uno de los principales motores de la alternancia en estas elecciones.

Las acusaciones de corrupción, enriquecimiento ilícito y desvío de recursos, aunadas a los bajos índices de aprobación gubernamentales, en estados como Veracruz, Chihuahua, Oaxaca y Tamaulipas, fueron lo suficientemente altos para favorecer a los candidatos de oposición. Asimismo, la baja aprobación del presidente Enrique Peña Nieto, según encuestas, fue un factor que jugó en contra del PRI de manera generalizada.

Para el 2018, la moneda sigue en el aire, destaca el análisis

El documento concluye que la pasada jornada electoral reconfiguró de una manera sorpresiva el panorama hacia el 2018. Fuera de la elección local de la CDMX, en su mayoría los comicios estatales produjeron una lección valiosa para los partidos políticos: la alternancia como castigo.

Una lección importante es que el tema de combate a la corrupción es y será central en las campañas presidenciales del 2018. Por ende, las administraciones locales actuales y el gobierno federal tendrán menos de dos años para corregir sus escándalos de opacidad.

Si la jornada electoral del domingo pasado fue un ensayo para la elección del 2018, la moneda sigue en el aire , prevé el CIDAC.

ana.langner@eleconomista.mx