Durante las últimas dos décadas, México ha avanzado en derechos de las niñas, niños y adolescentes, como el acceso a la educación, la reducción del trabajo infantil y la desnutrición; sin embargo, los logros no han sido los esperados para erradicar la desigualdad entre la población infantil, disminuir los embarazos en niñas y adolescentes, y reducir los homicidios de menores.

De acuerdo con el informe “Construyendo una vida mejor con la niñez”, de la organización Save the Children, se reportó que en América Latina diariamente mueren 70 niñas, niños y adolescentes víctimas de la violencia.

Mientras que en el caso de México son asesinados cuatro menores cada día, lo que revela la posibilidad de que un menor mexicano sea asesinado es mucho mayor que en países con conflicto armado, por lo que Save the Children enfatizó la importancia de crear un plan de gobierno que busque la construcción de paz y escuche a las niñas y niños del país.

“Save the Children México llama al gobierno mexicano a poner en el centro de las decisiones políticas los derechos de niñas, niños y adolescentes, implementando una política de Estado”.

También consideró entre los factores para ayudar a reducir la violencia contra menores, la agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, establecidos en el año 2000 para combatir la pobreza, el compromiso de los gobiernos, la inversión social , el crecimiento económico y la reducción de las desigualdades.

En ese sentido, informó que en México es más probable que una niña o niño indígena muera por enfermedades prevenibles, sufra desnutrición, no vaya a la escuela, trabaje desempeñando tareas peligrosas o sea obligada a casarse, si es niña o mujer adolescente.

La organización reconoció que el empoderamiento de las mujeres y las jóvenes a través de la educación ayuda a reducir los embarazos a temprana edad y brinda la oportunidad de su inserción al mercado laboral.

Finalmente, aseveró que no será posible lograr los mayores desafíos de desarrollo de nuestra época, en favor de los niños y las niñas más desfavorecidos, sin dar prioridad e invertir en la igualdad de género, por lo que es necesario considerar a las niñas y adolescentes como agentes de cambio para sus vidas y comunidades.