El gobierno del presidente estadounidense Barack Obama quiere cambiar el destino de la ayuda para el combate a las drogas en México. En vez de destinarla a onerosos helicópteros y avionetas, el objetivo sería ahora erradicar la corrupción en las policías, tribunales y funcionarios.

En un cambio drástico respecto de lo observado en años anteriores, buena parte de los 310 millones de dólares que el gobierno de Obama busca destinar a México en el proyecto presupuestario del 2011 se dirige a reformas judiciales y programas de buen gobierno en su vecino del sur.

``Nos estamos alejando del equipo caro'', para enfocar la ayuda en programas que apoyen ``la capacidad de México para mantener el apego al estado de derecho y el respeto a los derechos humanos'', dijo la subsecretaria asistente de Estado norteamericana Roberta Jacobsen en un testimonio preparado para una audiencia ante una subcomisión del Congreso, prevista para el jueves.

``El cambio más notorio es la forma en que se erogará la financiación'', secundó Shannon O'Neil, del Consejo de Relaciones Exteriores, también en un testimonio escrito proporcionado a The Associated Press antes de las audiencias del jueves.

Aunque el gobierno estadounidense ha hablado antes de poner el énfasis en la construcción de instituciones y en la prevención, y no tanto en las operaciones de las autoridades para luchar contra las drogas, los presupuestos del Departamento de Estado obtenidos por la AP muestran que la financiación ha seguido destinándose casi por entero a ese segundo rubro.

Las propuestas que serán presentadas el jueves sugieren que ello podría cambiar pronto, lo que representaría un vuelco en la forma en que Estados Unidos ha librado su guerra antidrogas durante cuatro décadas.

Los cambios no serán fáciles ni inmediatos.

``Los programas exitosos enfocados en la construcción de instituciones y en las oportunidades económicas son mucho más difíciles de implementar que la entrega de helicópteros o embarcaciones'', dijo O'Neil. ``Pero también prometen más soluciones a largo plazo, pues reconocen las realidades complejas de la guerra contra las drogas en México y las limitaciones de los pertrechos militares para cambiar el rumbo''.

El martes, la secretaria mexicana de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, dijo que los cambios y un compromiso para que continúe el trabajo conjunto son bienvenidos.

Hasta el 2007, Estados Unidos había gastado unos 50 millones de dólares en ayuda a México cada año. Pero poco después del 1 de diciembre del 2006, cuando asumió, el presidente mexicano Felipe Calderón prometió combatir a los poderosos carteles narcotraficantes y su entonces colega George W. Bush se mostró dispuesto a ayudar.

Así, comenzó la Iniciativa Mérida, con un otorgamiento de 500 millones de dólares que, según Bush, se utilizaría para comprar seis helicópteros y dos aviones, y para darles mantenimiento. En unos meses, el Departamento de Estado informó que los fondos con esos fines y para entrenamiento se habían elevado casi al triple, 1.400 millones de dólares, en un paquete a tres años.

Los obstáculos burocráticos frenaron la ayuda desde el comienzo. El primer documento de acuerdo entre México y Estados Unidos fue firmado en diciembre del 2008. Y hasta ahora, el Congreso ha aprobado 1,100 millones de dólares, no 1,400 millones, bajo la Iniciativa Mérida.

La semana pasada, la AP informó, citando expedientes del Departamento de Estado, que los fondos entregados a la fecha son apenas una fracción de esa cifra, 161 millones de dólares, y que se han gastado casi por completo en equipo para las autoridades.

La inversión y las operaciones de las fuerzas del Estado no han logrado detener la violencia relacionada con el narcotráfico, que ha dejado 23,000 muertos en los últimos tres años. Tampoco parece haber reducido el acceso a las drogas en el mercado estadounidense, el más grande del mundo.

Obama dijo el martes que enviaría incluso 1,200 efectivos de la Guardia Nacional a la frontera con México, para ayudar en el combate a la inmigración ilegal y al narcotráfico.

Las audiencias del jueves en dos subcomisiones discutirían los pasos siguientes en lo que se ha bautizado ya como la iniciativa ``Más allá de Mérida''.

El ex subsecretario de Estado, John D. Negroponte, dijo en sus declaraciones preparadas que Estados Unidos debería elevar sus aportaciones porque la Iniciativa Mérida ha fomentado algo que el dinero no puede comprar, una cooperación sin precedentes.

Negroponte, ex embajador estadounidense en México, quien ha estado relacionado con la lucha antidrogas durante 35 años, instó a los legisladores a no desalentarse por la creciente violencia y la intacta oferta de drogas.

``Los problemas con el narcotráfico siguen con nosotros hoy, pese a la sangre y los recursos que ha costado a todo lo largo del hemisferio el lidiar con estos problemas'', dijo. ``De modo que todos coincidimos en que este es un asunto de largo plazo, en el que no hay soluciones rápidas''.

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