La falta de personal es el “talón de Aquiles” del sistema de salud mexicano. Para atender, con los estándares que recomiendan los organismos internacionales, le hacen falta alrededor de 872,000 médicos y enfermeras.

En su comparecencia ante la Cámara de Diputados, el 22 de octubre pasado, el secretario de Salud, Jorge Carlos Alcocer Varela, afirmó que el país tiene un déficit de más de 200,000 médicos, luego en una conferencia de prensa posterior dijo que faltan alrededor de 300,000 enfermeras. Sin embargo, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reporta un requerimiento de 440,000 médicos y enfermeras, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) alrededor de 420,000 y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) 12,000.

De acuerdo con el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda 44 miembros del personal médico de salud por cada 10,000 habitantes y este país solo tiene 27.

Según la Secretaría de Salud (SS), al cierre de 2019, las instituciones públicas del sector contaban con 964,800 miembros del personal médico, entre médicos generales, especialistas, odontólogos, personal en formación, médicos en otras labores, enfermeras generales, especialistas, pasantes de enfermería, auxiliares de enfermería, personal de enfermería en otras labores, personal profesional, técnico y otros.

En tanto, el cuerpo médico del sector privado estaba integrado por 15,449 profesionales, según las Estadísticas de Salud en Establecimientos Particulares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Al cierre de 2019, el sistema público de salud mexicano disponía de 251,160 médicos y 335,615 enfermeras en activo, cantidades insuficientes para cubrir con eficiencia a la población, particularmente aquella sin seguridad social, siendo notorio en las listas de espera para consultas con especialistas e intervenciones quirúrgicas, así como por las quejas frecuentes por falta de acceso y oportunidad de atención.

Eso ocurre porque México cuenta con 1.9 médicos y 2.1 enfermeras por 1,000 habitantes, mientras los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) tienen 3.3 y 9.1, en promedio, respectivamente. 

Además, hay un grave problema de inequidad. Mientras la Ciudad de México dispone de 1.81 médicos especialistas por cada 1,000 habitantes, en Veracruz, Puebla y Chiapas esa relación es de 0.31, 0.32 y 0.33 por cada 1,000 habitantes, respectivamente. 

Aunado a ello, hay notables diferencias en la disponibilidad de recursos entre las capitales de los estados y los municipios del interior, al igual que entre zonas urbanas y rurales.

El titular de la Coordinación Nacional Médica del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), Alejandro Svarch, explicó que eso ocasiona que en la capital del país haya cinco veces más médicos de los que hay en Tuxtla Gutiérrez y Chiapas, por ejemplo.

A su vez en Tuxtla Gutiérrez, la capital chiapaneca, hay cuatro veces más médicos que en el municipio de Las Margaritas, donde hay la misma densidad de recursos para la salud que en países como Darfur o Sri Lanka.

El sistema tiene barreras de entrada

No es un problema de escuelas de medicina. Según cifras de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), en el ciclo escolar 2019-2020, egresaron de las instituciones de medicina del país poco más de 16,700 estudiantes del nivel licenciatura (menos de Baja California Sur, de donde no reporta datos) y alrededor de 22,500, si se considera tanto licenciatura, especialidad, maestría y doctorado.

Algunas fuentes refieren que en México hay alrededor de 165 escuelas de medicina; sin embargo, solo 83 están en la base de datos del Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica.

El sistema de salud no absorbe de manera fluida a esa fuerza de trabajo, sobre todo porque en México, como en otros países, la carrera de médico cirujano es considerada, desde hace ya varios años, como un escalón propedéutico para la especialización, la cual funciona como embudo, barrera o filtro. 

Cifras oficiales señalan que en 2020 presentaron el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) 42,423 sustentantes, de los cuales fueron aceptados 18,929, es decir 44.6 por ciento. En 2019 el porcentaje de aceptación fue de 26.4 por ciento.

De acuerdo con el análisis “El ENARM, las escuelas y facultades de medicina. Un análisis que no le va a gustar a nadie”, publicado en la Revista Médica del IMSS, por Manuel Ramiro H., J. Enrique Cruz, Lydia Zerón y Ángel Arévalo, plantea que el Sistema Nacional de Salud no ha estado hasta ahora dispuesto ni capacitado para incluir al médico general en sus programas de atención de la salud a nivel nacional. Se da el caso de que algunas instituciones que incluyen al médico general en sus contrataciones lo hacen para substituir plazas diseñadas para médicos especialistas de acuerdo con su modelo de atención, esto en cuanto al sistema público o gubernamental. 

Por otra parte, refiere que el sistema privado le ofrece al médico general sitios donde el ejercicio de la profesión tiene pocos incentivos académicos, perspectivas de desarrollo muy limitadas y bajos salarios.

IMSS necesita contratar 105,000 profesionales de la salud

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) requiere 105,000 médicos en contacto con el paciente y 335,000 enfermeras para atender, conforme a las recomendaciones de los organismos internacionales, a sus 70.3 millones de derechohabientes.

Según lo consignado en el informe al Ejecutivo federal y al Congreso de la Unión sobre la situación financiera y los riesgos del Instituto Mexicano del Seguro Social 2019-2020, en 2018 contaba con 1.55 médicos por cada 1,000 derechohabientes, cifra que cayó a 1.43 en 2019. En 2012 era de 1.77 y en 2015 de 1.89.

En tanto, en 2018 tenía 2.22 enfermeras por cada 1,000 derechohabientes y para 2019 aumentó a 2.33, pero está debajo de las 2.53 que tenía en 2012.

Según el director el IMSS, Zoé Robledo Aburto, se lanzó ya una convocatoria para cubrir 10,794 plazas de nueva creación, la mitad para el Programa de Unidades Médicas de Tiempo Completo y la otra mitad para fortalecer la atención en otros servicios, como urgencias.

El instituto cuenta con 447,536 trabajadores, de los cuales 25,000 están con permiso para resguardo domiciliario debido a que forman parte de los grupos vulnerables al Covid-19.

Para sustituirlos, se contrataron 30,444 trabajadores por tiempo determinado para atender pacientes Covid, lo cual permitió cubrir las plantillas de los hospitales denominados de expansión y también los turnos vespertinos, nocturnos y la jornada acumulada de fin de semana.

En ese instituto hay decenas de personas que tienen cinco, 10 y hasta 20 años laborando como trabajadores “sustitutos” en la famosa nómina 08, la cual se buscará basificar.

Hay menos de dos médicos y menos de tres enfermeras por cada 1,000 habitantes atendidos por el Insabi.

Antes de la pandemia, en enero de 2020, el director del Insabi, Juan Antonio Ferrer informó en el programa de radio Aristegui en Vivo que esa institución tenía un déficit de 123,000 médicos familiares, 70,000 especialistas y 250,000 enfermeras. El año pasado lanzaron un programa de contrataciones que hasta abril llevaba un avance de 6,249 médicos generales, 438 especialistas 8,925 enfermeras con licenciatura, 6,000 técnicas y 84 especialistas, para un total de 21,696.

Según el Programa Institucional 2020-2024 del Insabi, publicado en diciembre de 2020, en México hay 123,595 médicos para atender a 68 millones 112,161 personas que no cuenta con seguridad social y desde 2020 son atendidos por esa institución que sustituyó al Seguro Popular.

De acuerdo con el Insabi, al principio de esta administración había 1.81 médicos por cada 1,000 habitantes sin seguridad social; la meta es que, para 2024, haya 2.20 médicos por cada 1,000 habitantes sin seguridad social. El objetivo para el cierre de 2021 de ese indicador es 2.05. 

El Insabi, dice el documento, tiene como objetivo garantizar que no falte personal médico, de enfermería y técnico en las unidades de atención a la salud, particularmente en los lugares con mayores niveles de marginalidad.

La misma fuente señala que en el país hay 180,000 enfermeras para atender los 60 millones 112,161 personas sin seguridad social. Refiere que en 2018 había 2.64 enfermeras por cada 1,000 habitantes sin seguridad social.

La meta es que para 2024 haya 3.35 enfermeras por cada 1,000 habitantes sin seguridad social. Para este año se espera tener 3.05 enfermeras por cada 1,000 habitantes en esa condición.

El gobierno calcula que hay 86,368 servidores públicos que prestan sus servicios en la Secretaría de Salud federal bajo contratos eventuales y de prestación de servicios profesionales por honorarios que deben ser regularizados.

A esa cifra habrá que sumarse 20,134 que están en la misma situación pero que prestan sus servicios en instituciones estatales.

Los planes del Insabi son que la relación de médicos y de enfermeras contratadas por 1,000 habitantes aumenten alrededor del 20% en los próximos cuatro años, a un ritmo cinco veces mayor que en la última década. 

Al ISSSTE le hacen falta alrededor de 12,000 médicos y enfermeras

Por su parte el director general del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Luis Antonio Ramírez Pineda expuso que la pandemia exaltó también la falta de infraestructura y personal que enfrenta el Instituto.

El funcionario recalcó que el principal reto de esa institución es el personal. “Sin duda es nuestro talón de Aquiles”.

Ramírez Pineda asegura que hacen falta alrededor de 12,000 médicos y enfermeras, a los que hay que sumarle el reto de basificar alrededor de 8,000 profesionales de la salud que trabajan, algunos desde hace más de 10 años por honorarios o contratos, sin prestaciones.

Con ello, esa institución que atiende a 13.5 millones de derechohabientes, podría aprovechar la infraestructura que en algunos estados está subutilizada precisamente por falta de personal. “Tenemos hospitales en los que solamente se ocupa 50% de su capacidad, por ejemplo, el Hospital del ISSSTE de Zacatecas (…), lo mismo el de Michoacán y el de Veracruz”.

En ese instituto se sumaron 4,331 médicos y enfermeras para apoyar a los trabajadores en el frente contra la pandemia. 

De esas dimensiones es el reto que enfrenta el sistema de salud mexicano, actualmente sometido a un estrés nunca antes vivido debido al creciente desbordamiento de contagios del llamado nuevo coronavirus.

diego.badillo@eleconomista.mx