Los flujos migratorios de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños hacia Norteamérica son cada vez más robustos, esta tendencia creciente empata con incrementos importantes en las tasas de desempleo, informalidad laboral, pobreza, violencia e inseguridad en dichos países.

Desde la segunda mitad del 2018 y lo que va de este año, México ha recibido cada vez más caravanas de migrantes centroamericanos que buscan cruzar el país y llegar a Estados Unidos.

Sólo en el primer cuatrimestre del 2019 se presentaron 51,607 extranjeros ante la autoridad migratoria mexicana mientras que en el mismo lapso del año previo la cifra fue de 44,062 migrantes, lo que refleja un crecimiento de 17%, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Migración (INM). ¿Por qué salen cada vez más centroamericanos de sus países?

Precarización laboral

De acuerdo con cifras de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), en Guatemala la población desempleada representa el 3.5% de la población económicamente activa, en El Salvador asciende a 6.8% y en Honduras a 8.2%, una de las más altas de toda la región latinoamericana.

La situación de muchos otros migrantes que son deportados es que, aunque tenían un empleo en sus países, éste era precario, ya sea por ingresos muy bajos, jornadas excesivas o ausencia de protección social. En estos países al menos 7 de cada 10 trabajadores se encuentran en el mercado laboral informal, esta proporción ha incrementado de manera importante en los últimos 5 años.

En Guatemala 66% de los trabajadores eran informales en el 2014; para el 2018 se disparó hasta 71% en el 2018, de acuerdo con cifras del INE (Instituto Nacional de Estadística de Guatemala).

Para El Salvador y Honduras las tasas de informalidad no son calculadas por sus departamentos estadísticos, pero siguiendo cifras estimadas por sus universidades nacionales la informalidad asciende a 66 y 72% del total de la población ocupada.

Al ser detenidos los migrantes afirman que salen de sus países con intención de llegar hasta Estados Unidos para trabajar. La mayoría cree que, aunque sea en condiciones precarias, su trabajo y calidad de vida será mejor allá.

Las brechas salariales y la desigualdad regional son factores cruciales en el fenómeno migratorio. La conversión de las monedas con el dólar americano resulta beneficiosa para los centroamericanos. Mientras el salario mínimo en Guatemala, Honduras y El Salvador es de 357, 368 y 258 dólares mensuales respectivamente, en Estados Unidos asciende a 1,764 dólares por mes, de acuerdo con cifras de la Cepal.

Los migrantes salen de sus hogares persiguiendo el ideal de mejores ingresos laborales. En Estados Unidos el ingreso promedio de un trabajador es de 3,330 dólares mensuales mientras que en Guatemala, Honduras y El Salvador la media que ganan los ocupados apenas asciende a 354, 111 y 319 dólares por mes respectivamente. Aun con la diferencia en el costo de la vida con Estados Unidos, el mercado laboral ofrece mejores condiciones y presenta un mayor nivel de equidad. 

Pobreza extrema

Además de la situación laboral que enfrentan estos países centroamericanos, esta región concentra niveles altos de población en condiciones de pobreza y pobreza extrema.

Honduras encabeza el top 3 en términos de pobreza extrema con la mitad (51%) de su población se encuentra con ingresos inferiores a los necesarios para satisfacer las necesidades básicas. Guatemala y El Salvador tienen al 46 y 13% de sus habitantes en esta situación respectivamente, de acuerdo con cifras de la Cepal.

En las tres entidades se registra un bajo gasto público en el sector social si se compara con la media para la región latinoamericana (11% del PIB). El caso más drástico es el de Guatemala, el gasto público social (destinado a salud, vivienda, educación y pensiones) representa apenas 7% de su PIB. Honduras y El Salvador gastan en este rubro el equivalente a 9% de sus PIB.

Violencia e inseguridad

Esta región también concentra índices altos de violencia, especialmente de muertes violentas. Guatemala es el caso menos pronunciado, en este país se presenta una tasa de homicidios de 22 por cada 100,000 habitantes (igual a la de México) considerada moderadamente alta.

En Honduras y El Salvador las tasas de homicidios están calificadas como muy altas. Con 44 y 51 homicidios registrados por cada 100,000 habitantes respectivamente. Estos son dos de los niveles más altos de toda la región latinoamericana y del resto del mundo, exceptuando a los países en guerra.

Llama la atención especialmente el perfil de los migrantes provenientes de El Salvador, cuya segunda razón principal para dejar su país es la inseguridad y la violencia, sólo por debajo de la falta de empleo y crisis económica. El 34% de los deportados de este país dijo que esa fue su razón para emigrar, según cifras de la Encuesta sobre Migración en la Frontera Sur de México del Colef (Colegio de la Frontera).

La migración no siempre es voluntaria

Las problemáticas socioeconómicas que enfrentan estos tres países, de donde provienen la mayor parte de los flujos migratorios que llegan a México, coinciden con las declaraciones de los migrantes que son devueltos a sus países de origen por las autoridades mexicanas.

De los provenientes de El Salvador al menos el 73% afirma que su motivo principal de migración fue la falta de empleo o crisis económica, de los guatemaltecos y hondureños deportados el 55 y el 49% salieron de sus países con esta razón. Ni siquiera el 1% de los migrantes deportados declaró haber salido de su lugar de origen por gusto o voluntad.

Plan de Desarrollo Integral para Centroamérica

Como parte de una iniciativa de la Cepal, se presentó el Plan de Desarrollo Integral El Salvador-Guatemala-Honduras-México, que busca dar soluciones a las problemáticas que derivan y de las que derivan los procesos migratorios en la región.

Desde un enfoque de derechos humanos se busca contener estos flujos de migrantes, impulsando la cooperación y el desarrollo económicos entre los cuatro países involucrados. Los procesos migratorios en esta región son complejos y presentan cualidades distintas a la migración que enfrentan Europa y Asia, por lo que la tarea de atender y resolver estas problemáticas es amplia.