Desde el principio de las campañas presidenciales en México, el llamado al voto útil entre los candidatos se volvió un tema recurrente, en especial entre Ricardo Anaya Cortés de la coalición Por México al Frente y José Antonio Meade Kuribreña de la alianza Todos Por México. A 96 horas de que se celebren los comicios, especialistas afirman que hay de pocas a nulas posibilidades de que los llamados tengan algún efecto en las casillas el próximo domingo, 1 de julio.

El llamado de Anaya Cortés, abanderado del PRD, PAN y MC, se ha centrado en la idea de que él es el único con las posibilidades de ganarle al puntero en las encuestas, el candidato de la alianza Juntos Haremos Historia (Morena, PES y PT), Andrés Manuel López Obrador, quien se ha mantenido a la cabeza de la intención de voto desde el inicio de las campañas, el pasado 30 de marzo.

Fue el 18 de abril, apenas un par de semanas después de iniciar el periodo de proselitismo, que Anaya llamó desde Tijuana, en Baja California, por primera vez al voto útil.

En aquella ocasión, Anaya refirió que “en todos los procesos electorales, en la etapa final, se da el voto útil” y que él era por “consenso” el candidato que podría ganarle a López Obrador.

“Lo que ha ocurrido durante toda la campaña, es más, desde la precampaña es que se han nulificado Anaya y Meade”, explica Andrés García López, director asociado de la agencia de mercadotecnia política Ayopa.

Para el especialista en campañas políticas, la estrategia del voto útil de Anaya ha fracasado debido a que la percepción de la ciudadanía sobre él y Meade son muy similares.

“Hay una cuestión en marketing, no nada más en marketing político sino en marketing comercial, también que para que tú puedas llamar o criticar la otra marca (candidato), en este caso la otra propuesta, debes tener una mejor reputación que la competencia, porque sino se te puede revertir”, precisa el experto.

Durante la campaña, las tendencias en intención del voto no se han modificado de manera importante, no ha habido picos que puedan decir lo contrario, por lo que el llamado por parte de ambos candidatos no ha tenido efectos, comenta García López.

Con la alternancia política en México en el año 2000 con la llegada del panista Vicente Fox a la Presidencia se marcó un parteaguas en el voto útil. A partir de dicha elección, en las otras dos presidenciales que le siguieron se mostró su aplicación, recuerda, por su parte, Roy Campos, presidente de la encuestadora Consulta Mitofsky. No obstante, en ninguna había existido una diferencia de tan pocos puntos entre el tercero y segundo lugar.

“En el 2000, hubo voto estratégico (útil) a favor de Vicente Fox; en el 2006, hubo voto estratégico a favor de Felipe Calderón; y en el 2012, hubo voto estratégico a favor de Andrés Manuel López Obrador, son votos al segundo lugar, pero esta elección es la primera desde hace mucho tiempo donde no hay claridad en el segundo lugar”, afirma.

Para Helena Varela, directora de la división de Estudios Sociales de la Universidad Iberoamericana, tres de los cuatro candidatos a la Presidencia mantendrán hasta el último momento de las campañas el discurso de que las encuestas no han definido el rumbo de la elección para mandar el mensaje de que aún se pueden revertir las tendencias.

En tanto que López Obrador, dice Varela, mantendrá su discurso del candidato de la no continuidad por el que ha atraído el voto del “cansancio”.

“Si uno ve los estudios, de nuevo las encuestas, resulta que no sólo no funcionó (la estrategia en contra de López Obrador) sino que en esta ocasión el cansancio de la gente (...) ha llevado a que incluso Andrés Manuel se fuera despuntando cada vez más”, añadió Varela.

Los especialistas coincidieron en que a estas alturas de la contienda, cada uno de los candidatos a la Presidencia tiene definido su nicho de voto, por lo que es difícil que haya votantes que muden de una fuerza política a otra.

A mediados de campaña, trascendió una supuesta búsqueda de diálogo por parte del equipo de Anaya con el presidente Enrique Peña Nieto y la campaña de Meade, para pactar una declinación. Sin embargo, en los hechos, ambos candidatos continuaron desestimando una alianza.

“Ese llamado al voto útil deja de ser atractivo para el electorado, porque al final de cuentas es muy complicado que todos los de Meade votaran por Anaya o viceversa”, señala García López.

La posibilidad de una alianza entre Meade y Anaya, agrega García, se esfumó en cuanto el panista tomó como propuesta-bandera el enjuiciar a Peña Nieto por presumibles casos de cohecho en el sexenio.