La tasa de pobreza laboral representa al grueso de trabajadores cuyos salarios o sueldos son insuficientes para adquirir la canasta de alimentos mínima. En México 4 de cada 10 ocupados (39.4%) se encuentran en esta situación, eso es un porcentaje mayor del nivel registrado un año atrás (35.6 por ciento).

Estas cifras reflejan el significativo impacto que tuvo la crisis por Covid-19 en el mercado laboral, de acuerdo con el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) en su más reciente actualización, el hecho de que haya más trabajadores mexicanos con ingresos inferiores al valor de la cesta mínima se explica por dos factores simultáneos:

Por un lado, la recesión económica provocó una baja generalizada de los ingresos laborales y por el otro, ha incrementado de manera importante el valor de los alimentos, especialmente los agropecuarios.  

El aumento de la pobreza laboral es un factor que comparte la mayor parte del territorio nacional, sin embargo el impacto no es homogéneo a escala territorial. Las brechas regionales y sociales también se ampliaron con la crisis Covid-19: los trabajadores más afectados son justamente los que pertenecen a la población más pobre. 

En el grupo de la población más pobre del país (primer quintil) los salarios promedio se redujeron 40.8%, cifra que logra moderarse entre más subes en el escalafón de ingresos. Por ejemplo, para el grupo de los más ricos (quinto quintil) el ingreso laboral promedio cayó apenas 1.5 por ciento. 

Esta situación produce una ampliación de las brechas de desigualdad. Antes de la pandemia las enormes disparidades ya eran alarmantes y ahora lo son más.

Siguiendo con el segundo gran factor que explica el aumento de la pobreza laboral, observamos que también hay regiones en donde la suba de precios impacta de manera más pronunciada. En el primer trimestre de este año en las zonas urbanas el costo de la canasta básica creció 3.7% en análisis interanual; para las comunidades rurales el encarecimiento alcanza hasta un 4 por ciento. 

La Ciudad de México, la urbe más grande del país e incluso una de las más grandes de América Latina, fue la entidad que enfrentó el golpe más fuerte en términos de pobreza laboral. Antes de la pandemia sólo 28.3% de los trabajadores en la CDMX tenían la problemática de no poder comprar la canasta alimentaria con su salario/sueldo, ahora, un año después de la pandemia el 43.2% de la fuerza laboral está en esta situación. 

Esto se explica en gran parte por la alta concentración del virus en la metrópoli capitalina y se puede concluir que gran parte de este aumento de trabajadores en pobreza laboral se dio en los sectores operativos, ocupaciones de baja calificación y en las regiones de la periferia. 

Aún con este salto grande que dio la pobreza laboral en la capital mexicana, todavía muestra cifras significativamente mejores a las de entidades como Chiapas, Guerrero y Oaxaca en donde cerca del 60% de sus trabajadores no pueden comprar los alimentos mínimos con sus remuneraciones.  

Las brechas cada vez más grandes

Las mujeres y la población indígena componen dos de los grupos más vulnerables en términos laborales. La discriminación y desigualdad estructurales en México quedaron expuestas con la crisis sanitaria; estas brechas no se corrigen y en algunos casos se hacen más grandes. 

Siguiendo la data procesada por el Coneval, se puede observar que el ingreso laboral promedio de las trabajadoras incrementó de una manera modesta con la pandemia. Pese a ello todavía hay una brecha en el salario promedio de 856.5 pesos entre mujeres y sus pares hombres. 

La misma situación ocurre para las comunidades indígenas, la brecha es de casi el doble. Mientras los trabajadores de municipios no indígenas tiene un salario/sueldo promedio de 4,619.9, el de los trabajadores que pertenecen a municipios indígenas es de apenas 2,173.1 pesos mensuales.