Por su forma de gestionar la emergencia provocada por el coronavirus en México, al gobierno federal se le han insubordinado muchos actores políticos y sociales, quienes, por la libre están tomando sus propias decisiones y, en el caso del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, lo que quiere es diferenciarse del presidente Andrés Manuel López Obrador, consideró Juan Luis Hernández Avendaño.

En entrevista, el director del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla expuso que, en buena medida, el gobernador Alfaro y su partido, Movimiento Ciudadano (MC), más que por cuidar la salud y la sanidad local, lo que pretenden es mandar el mensaje de que el gobierno federal es irresponsable y ellos no.

El también analista político llamó la atención en que los gobernadores que se adelantaron en la puesta en marcha de medidas más drásticas para hacer frente a la propagación de la enfermedad, lo hicieron antes de que el gobierno federal utilizara las herramientas jurídicas que tiene como la instalación del Consejo de Salubridad General, instancia que, en términos de salud, sí implica una disciplina total jurídica y política de los gobiernos locales a las disposiciones que se tomen en esa instancia federal.

"Lo que estamos viendo es mucha política, mucha politización. Uno pensaría que el gobierno federal, con López Obrador sería un gobierno de concentración de funciones o un gobierno que, sin oposición, tendría todas consigo y lo que estamos viendo es que eso no es así". 

Destacó que en lo que va de la administración la oposición ha estado completamente desconfigurada, con poca reacción y capacidad de enarbolar una narrativa diferenciadora respecto del gobierno federal, incluso una oposición completamente dividida.

Sin embargo, la crisis sanitaria por el coronavirus le llegó como un regalo político, particularmente a Alfaro y MC, quienes están aprovechando esta coyuntura y apreciando que puede distanciarse, que puede compararse, que la población puede ver dos medidas de gestión de la epidemia de manera muy distinta.

AMLO banaliza el Covid-19

De acuerdo con Juan Luis Hernández Avendaño, todos los jefes de Estado han asumido narrativas y posiciones políticas para plantear a la población qué es lo que toca hacer. López Obrador lo que ha decidido es banalizar claramente la epidemia.

Explicó que el mandatario mexicano pertenece a un conjunto de presidentes y jefes de Estado que tienen claro que el Covid-19 no es tan letal como otros.

Recordó que en un momento ya se ha planteado que el (H1N1) que vivimos en 2009 tuvo una letalidad de 19 muertos por cada 100 enfermos y hasta ahora, lo que se sabe es que, en promedio, van tres muertos por cada 100 enfermos.

Eso quiere decir que la letalidad del coronavirus, hasta ahora es seis veces menos que el A(H1N1).

"Me parece que eso, junto con otros aspectos, por ejemplo que América Latina es de la regiones menos afectadas por esta pandemia, han provocado que estos líderes, entre ellos López Obrador, la banalicen", abundó.

Eso explica lo que ha ocurrido con el uso de las estampitas religiosas y el hecho de que López Obrador no siguiera las recomendaciones de distanciamiento social y de no saludo y no abrazo determinadas por sus propios funcionarios, porque simplemente no cree en la letalidad del virus. "No se mueve en esa lógica. Parece que tenemos un jefe de Estado que claramente no cree en la letalidad de este virus".

A organizaciones de la sociedad civil les cayó mal la epidemia

En otro orden de ideas, Hernández Abendaño comentó que algunos actores privados como el Tecnológico de Monterrey, Coparmex y el Consejo Coordinador Empresarial están en esa lógica de ser oposición aprovechando esta coyuntura para diferenciarse claramente y hacer critica a López Obrador, porque hasta ahora no había aparecido el tema que claramente le pudiera pegar al Presidente y en este momento sí.

Por otra parte, consideró que tanto a las organizaciones no gubernamentales como las de carácter social, les ha caído muy mal la pandemia, porque las tomó desmovilizadas.

Recordó que, hasta antes de la pandemia, los movimientos feministas, sobre todo, eran los que habían tomado las calles con una contundencia y con una oportunidad política muy interesante.

Lo que podíamos apreciar es que la primera gran oposición a López Obrador no fueron los partidos, sino que fue el movimiento feminista. Incluso el presidente tuvo manifestaciones narrativas y discursivas muy equivocadas que le costaron casi 20 puntos de perdida de apoyo en las encuestas, al no entender al movimiento feminista y por tratar de minimizarlo.

Ese movimiento lo irrito particularmente, porque consideraba que él era el único que había logrado movilizar a la gente en la calle y tener el control de zócalo, cosa que le arrebataron las mujeres.

Sin embargo, añadió Hernández Avendaño, tanto a las organizaciones de la sociedad civil en general, como a los movimientos sociales, particularmente el feminista, les cayó muy mal el confinamiento social derivado de las acciones para contener al Covid-19,  porque eso implicó desmovilizar su capacidad de agenda pública que se construye esencialmente en la calle.

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