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Yucatán como centro estratégico agroindustrial
El clima cálido obliga a poner especial atención en el diseño de infraestructura, donde la inversión en ventilación y manejo térmico resulta determinante, tanto para la productividad como para el bienestar animal

Opinión
De acuerdo con el Panorama Agroalimentario 2026, con datos preliminares de la producción de carne de pollo en México, ésta se ubicó en un máximo histórico de 4.15 millones de toneladas (mdt) en 2025. Ello significó un incremento anual de 3.5 por ciento.
Por otra parte, el consumo aparente para dicho año se estima en 5.2 mdt. De esta forma, el 79.7% del consumo se abasteció con producción nacional y el 20.3% con importaciones.
En nuestro país la carne de pollo representa cerca del 48.8% del consumo de carnes, debido a que sigue siendo la fuente de carne más asequible con respecto a las carnes de cerdo y de bovino. (SIAP / SADER).
En Yucatán, la demanda de proteína animal continúa creciendo al ritmo del desarrollo turístico, urbano y logístico de la entidad; sin embargo, Yucatán ocupa el noveno lugar en la producción nacional de carne de pollo, por lo que, se abren oportunidades para modelos productivos más eficientes, al amparo de esquemas de integración productiva en la avicultura, los cuales están tomando relevancia como una alternativa que combina certidumbre económica con potencial de mejora ambiental.
Empresas integradoras como Pilgrim’s Pride, ha desarrollado modelos de aparcería con productores donde participan en la engorda de pollo bajo contrato, proveyendo insumos (el pollito de un día, alimento balanceado, medicina veterinaria y asesoría técnica) y, garantizando la compra de la producción. Por su parte, el socio productor denominado “aparcero”, es el encargado de poner a disposición las instalaciones para la engorda, limpieza, manejo y alimentación de las aves.
El aparcero, por su parte, obtiene el beneficio por kilogramo (kg) producido de pollo vivo, su ingreso depende del desempeño productivo (ranking entre productores), donde existen bonos por productividad.
Bajo este contexto, los esquemas de integración productiva en la avicultura, más allá de su atractivo como modelo de negocio, tiene un componente que merece mayor atención: su capacidad para detonar inversiones con impacto ambiental positivo en unidades productivas rurales.
En condiciones normales, la mayoría de los productores logran 4 ciclos de producción al año y, con el esquema de aparcería se pueden obtener en promedio 6 ciclos, pasando de 315 a 473 toneladas de producción anual de carne de pollo por nave, lo anterior considerando que en promedio la capacidad por nave es de 25,000 pollos, para finalizarlos con un peso estimado de 3.15 kg.
Bajo condiciones de producción tradicional, pequeños y medianos productores (en función al tamaño de la unidad productiva) enfrentan limitaciones de liquidez financiera, que los obligan a operar con instalaciones poco eficientes: galeras con ventilación deficiente, sistemas manuales de alimentación y consumo elevado de agua. Lo que afecta no solo la rentabilidad, sino que también incrementan la huella ambiental por unidad producida.
La tecnificación de las granjas avícolas implica realizar inversiones, que difícilmente serían asumidas de manera individual por pequeños productores, se vuelven alcanzables cuando se combinan tres elementos: integración productiva, financiamiento estructurado y acompañamiento técnico.
El resultado no es únicamente una mejora en productividad, sino una reducción en la intensidad ambiental del sistema.
Al existir contratos de largo plazo y flujos relativamente predecibles, se vuelve viable estructurar financiamiento para infraestructura tecnificada. En este punto, instituciones como Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) juegan un papel estratégico al canalizar crédito hacia proyectos que incorporan desde su diseño criterios de eficiencia productiva y ambiental. Al apoyar este tipo de inversiones se impulsan los tres objetivos prioritarios de esa institución: “Expandir la inclusión financiera, estimular la inversión productiva y fomentar el desarrollo sostenible en materia ambiental-social en el sector agroalimentario y del medio rural.”
Recientemente Pilgrim’s Pride anunció inversión en Yucatán por aproximadamente 690 millones de pesos a realizarse en 2026.
Ello se inserta en una lógica más amplia de relocalización productiva y fortalecimiento de capacidades agroindustriales en el sureste del país, contribuyendo a cerrar brechas de oferta interna y a mejorar la balanza agroalimentaria.
De acuerdo con lo anterior, Yucatán se caracteriza por ofrecer condiciones particularmente favorables para este modelo de integración productiva. Su ubicación estratégica, la disponibilidad de mano de obra rural y la cercanía a mercados de consumo lo posicionan como un punto atrayente para la expansión de la avicultura tecnificada.
No obstante, el clima cálido obliga a poner especial atención en el diseño de infraestructura, donde la inversión en ventilación y manejo térmico resulta determinante, tanto para la productividad como para el bienestar animal.
El esquema de aparcería con Pilgrim’s Pride, representa una oportunidad para impulsar el desarrollo rural en Yucatán bajo un enfoque más ordenado y tecnificado. No se trata de sustituir la producción tradicional, sino de ofrecer una vía de transición hacia sistemas más eficientes, trazables y potencialmente más sostenibles.
*Fabiola Camacho Berchel y Laura Elaine Ibarra Buenavista son agente y promotora de FIRA en la Agencia Valladolid. La opinión es del autor y no coincide necesariamente con el punto de vista oficial de FIRA.