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La soberanía y las mentiras


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OpiniónEl Economista

Jaime Guerrero Vázquez

El discurso soberanista de Claudia Sheinbaum, heredado de su predecesor López Obrador y del vocabulario favorito del viejo PRI, se ha convertido en una cárcel de palabras para la mandataria. La realidad es que en los últimos días se ha demostrado que no solamente es insostenible, sino que ha obligado a la presidenta a mentir descaradamente. Las viejas consejas nos decían que para sostener una mentira era necesario decir muchas más mentiras. 

En el sexenio pasado, AMLO retomó el viejo discurso priista de la soberanía nacional y la autonomía aplicado a la operación de agentes estadounidenses en territorio mexicano. Incluso, logró que la prohibición de que actuaran en nuestro país quedara expresamente prohibida en la Constitución. Varios columnistas especializados en el tema señalaron en su momento que eso molestó a las autoridades de nuestro vecino del norte. Esto junto con la política de “abrazos no balazos” dio pie para señalar al tabasqueño como protector del crimen organizado.

Pero a Sheinbaum le ha tocado lidiar con Trump en un escenario mucho más difícil, sobre todo luego de lo de Venezuela y la captura de Maduro. De acuerdo con las amenazas del magnate y presidente hay de dos aguas: una, operativos conjuntos con objetivos señalados por las instituciones estadounidenses (FBI, DEA, ATF, etc.) y la presencia y actuación de agentes norteamericanos y, dos, operativos unilaterales sin tomar en cuenta a las autoridades mexicanas. Es decir, una opción mala y otra peor. Por más llamadas y circos que haga la presidenta mexicana no parece haber una tercera opción. México se podría comprometer con el vecino a que las policías mexicanas arresten a quien señale el Departamento de Justicia norteamericano, pero eso no es suficiente para Trump. La razón no es que no confíen en el gobierno mexicano, la verdad nunca lo han hecho, sino que la Casa Blanca desea espectacularidad y demostraciones de fuerza.

La realidad es que, si soberanía y autonomía significan que un país pueda tomar decisiones sin tomar en cuenta otra cosa más que sus intereses, entonces hay que decir que de eso ya no hay mucho en el mundo. Incluso países fuertes como Estados Unidos, China o Rusia toman en cuenta a otros para tomar decisiones. La diferencia radica en el espacio político y económico con el que cuentan y el apoyo o no de sus poblaciones. Estados Unidos, por ejemplo, la nación más fuerte económica y militarmente, tiene espacios políticos reducidos a nivel internacional por culpa de Trump, que ha agredido verbalmente a sus socios europeos y a Canadá, ha amenazado a Latinoamérica y se confronta con China. Adicionalmente, la mayoría de la población de Estados Unidos no comparte las políticas de su presidente.

Por supuesto, México tiene todavía menos espacios de maniobra para tomar decisiones soberanas debido a una larga lista de temas, así que presumir soberanía no como una aspiración sino como un hecho se convierte en una cárcel. Una cárcel de palabras que obliga al gobierno mexicano a tragar sapos y a mentir.

¿Cómo demostrar soberanía y autonomía cuando las evidencias apuntan a subordinación? Tres ejemplos en esta semana lo demuestran. En primer lugar, la afirmación presidencial de que el canadiense Ryan Wedding se había entregado en la embajada de Estados Unidos. Como prueba, se presentó una foto trucada malamente que mostraba a Wedding tranquilo frente a las viejas instalaciones norteamericanas. En contraposición, el propio director del FBI, en una visita sorpresa a nuestro país, aseguró que se había capturado al sujeto y, sin mayor trámite legal, se lo llevó a Washington. La mentira del gobierno mexicano es tan mala que no se sostiene.

El segundo tema fue la invitación que hizo Donald Trump para que todos los países se incorporaran al Foro de la Paz (imperial). Naciones como Afganistán, Hungría, Argentina e Israel se han apresurado a decir que sí. Si México fuera en verdad soberano habría dicho “no, gracias” por el evidente sabotaje a la ONU y la subordinación a Estados Unidos. En su lugar, Sheinbaum solo alcanzó a decir que lo pensaría y que daría su respuesta esta semana. ¿Mencionó al Senado como rector de la política exterior? Ni una palabra al respecto.

El tercer tema es el más delicado: el envío de petróleo a Cuba por “razones humanitarias”. Dos días después de que Sheinbaum anunciara que los envíos por esa situación continuarían y horas después que sostuviera una plática “cortés” con Trump, este anunció aranceles a los países que enviaran productos a la Isla cubana.

Es cierto que Trump está abusando de su poder y atropella la soberanía mexicana. Estos tres temas revelan el espíritu imperial que hoy campea en Washington, pero mentir para salvar “la imagen” no hace a la presidencia mexicana más fuerte, sino más patética.

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