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¿Por qué siempre nos pasa esto?

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
Javier Aguirre hizo un poco de teatro para encubrir su verdadero sentir sobre un eventual cambio de horario.
El entrenador mexicano estaría dispuesto a entregar la mitad de su sueldo con tal de haber jugado ayer a las 12 del día. El desgaste correría a cuenta de los ingleses no solo por la disminución de horas de descanso y acoplamiento a la altura de la ciudad de México sino por variables climatológicas (más calor, más contaminación y sin agua).
Pero Aguirre decidió actuar para evitar cualquier molestia de los ingleses por el eventual cambio de horario. Sería como una patada al estómago, diría Aguirre. "La FIFA hace lo que quiere", sentenció.
La gobernadora Brugada, cuyos rasgos profesionales se dejan mimetizar por el espíritu de Raúl Velasco (conductor del programa Siempre en Domingo), por su capacidad de organizar espectáculos, pensó que la FIFA de la Casa Blanca podría mover los horarios de los partidos de Brasil y de México de una manera tan sencilla como si se tratara de cerrar calles en la Ciudad de México.
Los deseos de Aguirre y Brugada serían una doble victoria. Ganaría Brugada para controlar bajo la luz los efectos de una eventual celebración multitudinaria, y ganaría la selección de Aguirre por incrementar las molestias en los jugadores ingleses.
Pero México perdió.
El quinto partido parecería ser una estación más del viacrucis de la selección mexicana; la meta no deseada por jugador alguno.
Una liga de futbol sin competencia no debería generar expectativas publicitarias. La mexicana es una liga sin ascensos ni descensos.
Fernando Marcos se cansó de decirlo: la mexicana es una liga de incompetencia.
Pero una orgía publicitaria convirtió a jugadores en vendedores. Mbappé amenazó a la federación francesa de futbol con abandonar la selección si lo obligaran a vender apuestas. En México, varios de los jugadores decidieron venderles sueños a los mexicanos.
El sábado, un influencer llegó a la concentración de la selección con relojes Rolex para regalarlos a los jugadores mexicanos. ¿Quién le abrió la puerta?
Pero el suceso que dinamita el Mundial fue la incorporación de Trump a los cuartos de final. Su mensaje de agradecimiento a la FIFA por quitarle una sanción al goleador de la selección de Estados Unidos, Falorin Balogun, es una declaración de guerra contra Pierre de Coubertin, creador del olimpismo, es decir, del espíritu deportivo.
“Gracias a la FIFA por hacer lo que es correcto y revertir una gran injusticia”.
En 15 palabras Trump revela a Infantino como su empleado.
Termina el Mundial para México.
En el campo diplomático el Gobierno de la presidenta Sheinbaum no lo aprovechó. Su apuesta es por el etnocentrismo delineado por AMLO. No invitó a Carney; no invitó a Trump. No invitó a los presidentes cuyas selecciones de futbol jugaron en México.
Adiós Mundial, hola mañanera.
Fernando Marcos editorializaría el partido de ayer con un: ¿por qué siempre nos pasa esto?

