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Opinión

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Un semestre de claroscuros

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Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero

Irasema Andrés Dagnini

El primer semestre de 2026 deja una fotografía compleja de la economía mexicana. El dato de IGAE, correspondiente al mes de abril, creció 1.2% mensual y 2.2% anual, destacando la actividad primaria y terciaria con avances de 4.7 y 2.4%, respectivamente, mientras que el sector industrial avanzó 1.8% anual. Sin embargo, el desempeño del primer cuatrimestre fue débil de solo 0.7 por ciento.

La inversión fija bruta, que debería ser el combustible del crecimiento, mostró su primer avance en marzo al subir 0.4% mensual, no obstante, la tasa anualizada sigue siendo negativa en 3.1%, una señal preocupante de que el capital productivo aún no encuentra terreno fértil. En materia de precios, la inflación anual se desaceleró a 3.55% en junio, con la subyacente todavía en 4.12%, lo que indica que el proceso de desinflación avanza pero no ha concluido.

En el frente financiero, la Bolsa Mexicana de Valores cerró junio en 66,966 puntos, con un avance acumulado de 4.13% en el semestre, alcanzando un máximo histórico en febrero. Y quizá lo más destacable sea el comportamiento del tipo de cambio que se mantuvo estable en torno a 17.47 pesos por dólar, con una apreciación acumulada de casi 3% en lo que va del año, reflejando confianza relativa en los activos mexicanos.

Este mosaico de indicadores nos muestra una economía que, aunque mantiene estabilidad cambiaria y bursátil, enfrenta una fragilidad industrial y una inversión insuficiente. Es un semestre de claroscuros donde los mercados financieros transmiten optimismo, mientras la economía real revela debilidad estructural.

T-MEC y nearshoring

La renegociación del T-MEC marca el inicio de un periodo de incertidumbre que no podemos minimizar. El hecho de que Estados Unidos haya rechazado extender automáticamente el acuerdo hasta 2042 y haya optado por revisiones anuales hasta 2036 abre la puerta a un escenario de constante negociación política y económica.

Esto significa que cada año México deberá demostrar su capacidad de cumplir con estándares laborales, ambientales y de competitividad, bajo la presión de un socio comercial que suele imponer condiciones más estrictas. El mayor riesgo lo enfrentaran las empresas que tienen proyectos de inversión de largo plazo, particularmente en sectores estratégicos como el automotriz y el manufacturero, porque podrían frenarse o posponerse ante la falta de certeza jurídica.

Además, la volatilidad cambiaria y los ajustes en reglas de origen se convierten en pruebas de fuego para nuestra economía, pues cualquier modificación puede alterar la competitividad de nuestras exportaciones y encarecer los costos de producción. En este contexto, la renegociación no solo es un asunto técnico, sino un factor que puede redefinir la confianza de los inversionistas en México.

En paralelo, el nearshoring continúa siendo la gran oportunidad que podría transformar la estructura productiva del país. México se ha consolidado como un destino privilegiado para la relocalización de cadenas de suministro, gracias a su cercanía geográfica con Estados Unidos, su red de tratados comerciales y la fortaleza de sectores como el automotriz, electrónico y de dispositivos médicos.

Estados como Nuevo León, Chihuahua y el Bajío han tomado la delantera en la atracción de inversión extranjera, convirtiéndose en polos industriales de referencia. Se estima que en 2026 podrían generarse hasta 470,000 empleos formales, cifra superior a las expectativas de Banxico, lo que refleja el potencial de este fenómeno para dinamizar el mercado laboral.

Sin embargo, persiste un déficit estructural que no podemos ignorar, como la falta de infraestructura energética e hídrica, la insuficiencia de parques industriales con servicios adecuados y, sobre todo, la escasez de mano de obra técnica calificada. Si México no atiende estos cuellos de botella, el nearshoring corre el riesgo de convertirse en una oportunidad desaprovechada, incapaz de traducirse en un crecimiento sostenido y en una mejora real del bienestar social.

Las expectativas 

De acuerdo con la última publicación del Banco de México, de expectativas entre economistas locales, que se presentó el 1 de julio, la inflación general podría finalizar el año en 4.21%, en promedio se espera que el PIB crezca 1.07%, ligeramente inferior a la encuesta de mayo de 1.09% y se prevé que el tipo de cambio peso - dólar alcance una paridad de 17.83 unidades, ante este riesgo no olvide tomar coberturas financieras.

Y respecto a la conducción de la política monetaria el consenso estima que la Tasa Objetivo se mantendrá en el nivel actual de 6.50% lo que resta del año y advierte que los riesgos internos, inseguridad, gobernanza y corrupción, siguen siendo tan relevantes como los externos.

En conclusión, el segundo semestre será decisivo. La economía mexicana se encuentra en una encrucijada; aprovechar el boom del nearshoring y consolidar un mercado laboral más robusto, o quedar atrapada en la incertidumbre que genera la renegociación del T-MEC y los déficits estructurales. La clave estará en la capacidad del país para transformar oportunidades coyunturales en ventajas sostenibles.

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Irasema Andrés Dagnini

Economista y analista de economía y finanzas. Consultor de personas físicas y morales. Docente nivel superior, conferencista. Miembro del Consejo Asesor de UVM-Coyoacán. Editor de Vínculo Económico, canal digital. Comentarista en radio y televisión y colaborador en revistas especializadas del sector financiero.

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