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La seguridad laboral en su punto de inflexión: lo que hoy exige el trabajo en la economía digital

En un momento clave para reflexionar sobre la evolución del trabajo, ¿cómo se protege a quien trabaja en plataformas digitales? Lo que la regulación vigente establece para conductores y repartidores en México.

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OpiniónEl Economista

La conversación sobre protección laboral en México está entrando en una nueva etapa. Una en la que se abre una discusión más profunda sobre cómo proteger a quiénes trabajan bajo esquemas que ya no responden a la lógica tradicional del empleo: en movimiento, en espacios públicos, en distintos momentos del día y bajo esquemas que combinan autonomía y flexibilidad. Entender cómo opera hoy su protección en materia de salud y seguridad laboral requiere partir de esa realidad.

En un contexto que invita a reflexionar sobre el presente y futuro del trabajo, vale la pena hablar un poco más a fondo sobre estos temas.

Durante décadas, la política pública en materia de seguridad social y salud partió de un supuesto claro: el trabajo ocurría en espacios definidos, con esquemas de tiempo relativamente estables. Bajo esa lógica, la regulación se enfocó en reducir riesgos físicos, fortalecer la supervisión y mejorar las condiciones dentro de entornos controlados. Hoy, ese punto de partida ya no alcanza para explicar cómo trabajan millones de personas en un ecosistema digital y la regulación vigente a partir de 2024, contempla disposiciones específicas para este contexto.

La economía digital ha cambiado las reglas del juego. Ha dado lugar a modelos donde los ingresos se generan de forma flexible, en distintos momentos del día, en lugares diversos y con altos niveles de autonomía. No se trata de un fenómeno marginal; al cierre de 2025 se identificaba un universo de más de 1.5 millones de personas participando en plataformas digitales de intermediación de servicios en México1, reflejando la escala que ha alcanzado este modelo.

En este contexto, la reforma laboral en materia de plataformas digitales establece obligaciones concretas en materia de salud y seguridad en el trabajo. Las plataformas deben informar a sus trabajadores sobre las medidas de seguridad y salud aplicables a su actividad y proporcionar capacitación para desarrollarla de manera segura, además de obligar a las plataformas a incluir estas condiciones de forma explícita en un contrato laboral individual. La ley contempla el derecho del trabajador a negarse a aceptar una tarea sin consecuencias laborales. En materia de riesgos de trabajo, las plataformas responden ante el IMSS si ocurre un accidente durante el tiempo efectivamente laborado, incluso para quienes participan de manera esporádica.

Varias de estas disposiciones corresponden a prácticas que las plataformas ya operaban desde antes de su obligatoriedad legal. Los mecanismos de seguimiento en tiempo real, los protocolos de atención ante incidentes y los canales de reporte de situaciones de riesgo forman parte del funcionamiento cotidiano de estas empresas. La regulación establece un piso legal para un conjunto de estándares que el sector había desarrollado en función de las características específicas de su modelo.

La regulación contempla también disposiciones que van más allá de los riesgos físicos. Las plataformas deben establecer mecanismos de atención ante situaciones de violencia laboral, acoso y hostigamiento, y observar una perspectiva de género en la gestión de sus relaciones laborales.

Trasladar métricas del empleo tradicional, como jornadas rígidas o esquemas de permanencia continua, limitaría la naturaleza dinámica de los empleos en plataformas digitales, donde la participación es intermitente, variable y muchas veces complementaria. Para muchas personas, este modelo no sustituye otras actividades, sino que las acompaña, este modelo permite estudiar, cuidar a la familia o generar ingresos adicionales en momentos específicos del día.

Esta flexibilidad resulta particularmente relevante en contextos como el mexicano, donde amplios sectores de la población combinan distintas fuentes de ingreso o dependen de esquemas de trabajo no lineales. Para muchas personas, la posibilidad de organizar su tiempo de conexión en función de su vida cotidiana, ya sea para complementar ingresos o ajustarse a responsabilidades personales, es un componente central no sólo de su economía, sino de su forma de vida.

En este sentido, el principal reto hacia adelante no es ya definir si estos modelos merecen protección, sino asegurar que las disposiciones vigentes se implementen con la misma lógica con la que fueron diseñadas: reconociendo la naturaleza flexible e intermitente del trabajo en plataformas, y evitando implementaciones que no correspondan a sus condiciones reales.

En la economía digital, la clave no es dónde trabajan las personas, sino cómo lo hacen. Por eso, la seguridad laboral deja de anclarse a un espacio físico y pasa a depender del diseño de sistemas capaces de adaptarse a nuevas formas de trabajar.

*El autor es Director Ejecutivo de Alianza In México.

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