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Salud digital: la convergencia inevitable y el normativo

Óscar Flores | Columna Invitada
Existe una premisa silenciosa pero crítica en la economía contemporánea: lo que no se puede medir, digitalizar y compartir, está condenado a la irrelevancia operativa. Durante décadas, el Sistema Nacional de Salud (SNS) en México ha operado bajo una lógica fragmentada, basada en el papel o en archivos electrónicos desarticulados y en la custodia celosa —casi feudal— de la información clínica. Hoy, esa inercia no solo es ineficiente; es insostenible.
La discusión sobre el futuro del sector ya no debe limitarse a la construcción de hospitales o la compra de medicamentos; debe centrarse en la infraestructura invisible que conecta todo lo anterior: la Salud Digital. Sin embargo, para que esta transformación deje de ser una colección de silos aislados y se convierta en una política de Estado, México requiere urgentemente un marco legal específico, robusto y alineado a los estándares globales.
La tecnología ha avanzado a una velocidad que nuestra legislación, que estuvo anclada en la era analógica de la Ley General de Salud de 1984, y que hoy reconoce la figura de la Salud Digital, necesita de ir más allá del mero reconocimiento. Hoy nos encontramos en una encrucijada donde la innovación tecnológica se topa con un vacío de gobernanza. No se trata de comprar computadoras; se trata de legislar la interoperabilidad, la seguridad y la gestión de los datos.
El corazón de esta nueva Política Pública debe ser la interoperabilidad. Este concepto técnico tiene una traducción política y económica profunda: es la capacidad de que sistemas diversos "hablen" el mismo idioma sin importar si el paciente se atiende en Tijuana o en Mérida, en el IMSS, ISSSTE o en un hospital privado.
Sin una ley que obligue a la estandarización bajo protocolos internacionales (como HL7 FHIR o CIE-11), seguiremos construyendo "silos de información". Hoy, un expediente clínico electrónico en el ISSSTE es ilegible para un médico de un CAF, y viceversa. Esta desconexión genera duplicidad de estudios, riesgos de errores de tratamiento y, fundamentalmente, un desperdicio masivo de recursos y oportunidad.
Una política de Estado en Salud Digital debe declarar la interoperabilidad como un mandato de seguridad nacional. No podemos permitir que cada subsistema de salud compre software propietario que "secuestre" los datos del paciente en formatos cerrados. La ley debe garantizar que los datos pertenezcan a la persona y que su portabilidad sea tan fluida como la de un celular.
El diseño de este marco legal exige una convocatoria inédita. Históricamente, las políticas de salud se discutían en una mesa ocupada exclusivamente por médicos, farmacéuticas y fabricantes de dispositivos. Esa mesa hoy estaría incompleta.
La Salud Digital es el punto de colisión de dos industrias gigantescas: las Ciencias de la Vida y las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Para legislar con visión de futuro, el Estado debe convocar a los nuevos jugadores del ecosistema:
Las TIC y los "Hiperescaladores": Empresas de nube, ciberseguridad y procesamiento de datos que hoy son tan vitales para un hospital como el proveedor de oxígeno. Su rol en la custodia y procesamiento masivo de datos (Big Data) es la base de la planeación de recursos y de la medicina predictiva.
Los Integradores y Desarrolladores: El software médico no es una base de datos. Requiere una regulación sanitaria específica (Software as a Medical Device - SaMD) que la COFEPRIS debe modernizar.
Operadores Logísticos: En un modelo de farmacia digital y telemedicina, la última milla es salud. La trazabilidad digital del medicamento desde la fábrica hasta la casa del paciente requiere estándares de comunicación en tiempo real.
Si excluimos a las empresas de tecnología de la redacción de la norma, terminaremos con leyes que regulan el acto médico tradicional, pero ignoran la realidad del algoritmo, la inteligencia artificial y la telemetría.
La falta de una ley específica clara es un freno a la inversión. El capital global está listo para desplegar soluciones de Inteligencia Artificial para diagnóstico temprano, monitoreo remoto de crónicos y hospitales inteligentes en México. Sin embargo, la incertidumbre sobre la responsabilidad civil de un algoritmo, la validez jurídica de una receta digital en todas las jurisdicciones o la protección de datos biométricos paraliza estos proyectos.
México necesita una legislación que ofrezca un marco para la certeza jurídica, regulatoria y normativa tanto al desarrollador de software como al médico usuario. Necesitamos definir: ¿Quién es responsable de cada paso en la cadena de valor de la salud? ¿Cómo se audita un algoritmo de salud? ¿Cuáles son los estándares mínimos de ciberseguridad/farmacovigilancia/tecnovigilancia que se deben cumplir para no ser desconectado de la red nacional?
Finalmente, esta política no es un gasto; es una estrategia de solvencia financiera. Un SNS interconectado permite pasar de la medicina curativa (cara y, a veces, tardía) a la medicina preventiva y predictiva.
Con datos estructurados, el SNS puede identificar brotes epidemiológicos en tiempo real, gestionar inventarios de medicamentos con precisión milimétrica (evitando disrupción en la cadena de abasto y la caducidad) y estratificar el riesgo de la población para intervenir oportunamente.
El llamado es claro: la digitalización de la salud no es un "agregado" tecnológico a la Ley General de Salud; requiere de una Ley de Salud Digital que actúe como columna vertebral del sistema.
No podemos seguir adicionando regulaciones analógicas para gobernar una realidad digital. Necesitamos una política pública, que siente a la mesa a las industrias de insumos para la salud, a programadores, a médicos y a ingenieros de datos.
La salud digital es el nuevo código fuente de la salud. Si México logra establecer un marco legal claro, interoperable y seguro, no solo mejorará la atención al paciente; detonará una nueva industria de servicios de alto valor agregado. Ignorar esta convergencia es condenar al sistema de salud a la obsolescencia operativa, mientras el resto del mundo avanza hacia la medicina de precisión.
Hoy cierro con una frase que se atribuye a Robert Wachter: “A partir de ahora y para siempre, tu salud y atención médica estarán determinadas, en un grado notable y algo inquietante, por cuán bien funcione la tecnología."
*El autor cuenta con 25 años de experiencia en el sector de la salud en México y Latinoamérica, fue socio fundador de una consultoría enfocada en el análisis de las políticas públicas en salud, salud digital y sostenibilidad. Y actualmente se dedica a la gestión de asuntos corporativos en materia de salud para la industria farmacéutica.

