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La salida

Ezra Shabot | Línea directa
La relación política entre México y los Estados Unidos se encuentra en el nivel más bajo que se recuerde desde hace décadas. La retórica trumpista antimexicana que se moderó durante el primer periodo de presidente norteamericano, se ha convertido en este segundo término en una confrontación directa no únicamente con Claudia Sheinbaum, sino también con las instituciones mexicanas de seguridad incluidas la Secretaría de Defensa y la Marina.
El desencuentro en torno a Rubén Rocha Moya tiene un común denominador, y éste es el vínculo entre el ex gobernador de Sinaloa y el Cártel de ese estado, considerado por Trump como una organización terrorista. Y es que en esta ocasión no se trata de uno o varios funcionarios involucrados con el crimen organizado, sino con la definición por parte de Washington del gobierno mexicano como un rehén, y en peor de los casos como un socio de la delincuencia de altos niveles.
Los canales de comunicación formales e informales entre ambas administraciones están prácticamente cerrados. La negociación sobre el T-MEC es una colección de represalias sin racionalidad económica alguna. Se trata principalmente de demostrar hasta dónde puede llegar el habitante de la Casa Blanca en su obsesión por obligar a su vecino a someterse a sus demandas en el terreno de la seguridad nacional.
Y es aquí donde Sheinbaum se encuentra en un callejón sin salida porque su margen de negociación con Trump es nulo. La línea que implica la entrega de Rocha Moya a los estadounidenses podría llegar a Palenque y provocar una fractura en Morena, y una desbandada generalizada en un intento de saltar del barco antes de que éste se hunda. Por lo pronto no se ve que otra cosa puede ofrecer Claudia a Trump que no sea la cabeza del sinaloense y la cadena de complicidades cuya extensión se desconoce con certeza.
La única opción que se vislumbra lejanamente, es la de un nuevo pacto con la Unión Americana cuyo elemento central sería la reanudación de las operaciones en territorio mexicano a cambio de la inmunidad sobre figuras que el gobierno de Sheinbaum considere como intocables. Es decir, la salida mexicana implica concesiones importantes en el área de la seguridad, y la ruptura con aquellos grupos criminales que sirvieron y aún sirven como instrumentos de control político por parte del gobierno morenista.
Intentar mantener el stato quo que conduce a una escalada impredecible sería un grave error. La administración Trump y las presiones que éste sufre frente a las elecciones de noviembre, lo obligan a una acción en su frontera sur que demuestre su capacidad disuasiva frente a lo que considera como una alianza político – criminal en México.
Más le vale a Claudia Sheinbaum comenzar a construir la salida a esta crisis, antes de que las acciones impredecibles de Washington terminen por crear realidades de facto sobre las cuales no existe mecanismo alguno de contención. Cuidado.

