Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Agentes sin fronteras

main image

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Manuel Ajenjo

En México llevamos años discutiendo si los extranjeros deben meterse en nuestros asuntos. La respuesta oficial siempre ha sido un patriótico "¡jamás!". La contestación práctica suele ser: "depende de quién gobierne y de quién salga en la fotografía”.

La más reciente entrega de esta telenovela titulada “La soberanía tiene cara de mujer”, tuvo como protagonista a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda. Un audio difundido por el periodista Héctor de Mauleón la muestra, presuntamente, conversando con agentes del FBI. Lo inquietante no es el tono cordial, porque la buena educación nunca ha sido delito. Lo alarmante es el contenido. Según la grabación, la gobernadora afirma: "Yo estoy dispuesta a hablar de todo lo que yo pueda decir, cómo apoyar, cómo cooperar. Yo puedo decir lo que he escuchado en las mesas de seguridad."

No hace falta ser abogado constitucionalista para advertir que la frase provoca más escalofríos que un aire acondicionado en Mexicali. Las mesas de seguridad no son tertulias de café donde cada quien cuenta el chisme de la semana. Ahí circula información estratégica del Estado mexicano. Ofrecer compartirla con agentes de otro país no parece precisamente un curso intensivo de civismo; aunque siempre existe la esperanza de que la indignación expire con el arribo del siguiente escándalo.

Pero lo extraño no es el audio. Es el termómetro moral de nuestra clase política. Resulta que la fiebre cambia según quién sostenga el termómetro.

Hace apenas unos meses, la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos, fue objeto de una intensa lluvia de críticas después de que un agente de la CIA muriera en un accidente automovilístico tras participar, presuntamente, en un operativo relacionado con el desmantelamiento de un narcolaboratorio dentro de territorio mexicano. La sola posibilidad de que agentes extranjeros actuaran en el país desató discursos inflamados sobre la defensa de la soberanía nacional.

Y tenían razón. La presencia de agentes extranjeros realizando tareas reservadas al Estado mexicano es un asunto gravísimo. No admite frivolidades. Ahora el reflector apunta hacia una gobernadora de Morena. Y entonces la indignación parece haber descubierto el modo ahorro de energía. Donde antes había condenas, ahora aparecen explicaciones. Donde antes había acusaciones de traición, hoy florecen llamados a "contextualizar". La soberanía, al parecer, también tiene militancia partidista.

La política mexicana ha logrado una hazaña extraordinaria: convertir los principios en artículos desechables. Son de un solo uso. Si perjudican al adversario, se exhiben con orgullo. Si alcanzan a los propios, se guardan discretamente en el cajón de los "casos complejos".

Mientras tanto, Estados Unidos sigue haciendo lo suyo. Cada cierto tiempo algún funcionario, senador o candidato revive la idea de intervenir militarmente en México para combatir a los cárteles. Cambian los discursos, cambian los gobiernos, pero la tentación intervencionista permanece tan apetecible como el primer día.

Por eso el asunto rebasa a Marina del Pilar. No se trata únicamente de una conversación comprometedora. Se trata del mensaje político que envía cualquier funcionario mexicano cuando ofrece información sensible a un gobierno que, de manera periódica, insinúa cruzar la frontera con soldados en lugar de turistas.

La cooperación internacional es necesaria. Compartir inteligencia, coordinar investigaciones y perseguir delincuentes es indispensable. Pero existe una diferencia enorme entre la cooperación institucional, regulada por tratados y supervisada por las autoridades competentes, y la impresión de que cada funcionario decide por cuenta propia qué información entrega, a quién y bajo qué condiciones.

Porque entonces dejamos de tener instituciones y empezamos a administrar franquicias personales de la política exterior. El problema es que en México la congruencia suele durar menos que un exdirector de Pemex —golpeador de su mujer— en la cárcel. Si el protagonista pertenece al partido correcto, siempre aparecerá alguien dispuesto a descubrir que la Constitución, en realidad, era una metáfora.

Total, en este país la frontera más fácil de cruzar no es la del norte: es la que separa los principios de las conveniencias.

Temas relacionados

Manuel Ajenjo

Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete