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Romper o morir

Ezra Shabot | Línea directa
La presión que distintas agencias de seguridad norteamericanas ejercen sobre el propio presidente Trump para actuar contra México principalmente en la zona fronteriza entre los dos países, aumenta significativamente la posibilidad de una acción unilateral de Washington en territorio mexicano. El argumento según el cual las ciudades colindantes con el vecino del norte están en manos del crimen organizado, es el aviso más claro de que la intervención militar es una opción fuertemente considerada por Trump.
Y es que el nudo de complicidades existentes al interior de la 4T ha generado la imposibilidad de utilizar a un par de chivos expiatorios que paguen las cuentas de la alianza entre López Obrador y distintos grupos criminales que involucran a gobernadores y otros funcionarios del alto nivel de la clase política morenista. Cuando los nombres de Rubén Rocha Moya, Américo Villarreal, Alfonso Durazo y otros más son filtrados desde los Estados Unidos para confirmar la asociación delictuosa del lópezobradorismo, la línea llega directamente al ex mandatario quien desde Palenque entiende perfectamente el mensaje de Trump.
Desde lo más alto del caudillismo mexicano la percepción de que Washington va por todos, ha provocado una parálisis que pone a Sheinbaum en la disyuntiva de romper con su mentor, o unirse al concierto de los negacionistas que creen que las amenazas trumpistas son únicamente recursos electorales del habitante de la Casa Blanca ante los comicios de noviembre, y que jamás se concretarán en acciones que afecten la soberanía nacional.
Es cierto que un rompimiento con López pondría a la presidenta en una posición vulnerable frente a los morenistas incondicionales al tabasqueño, pero al mismo tiempo le permitiría deshacerse de un montón de bandidos cuyo único objetivo es permanecer en el poder y enriquecerse a manos llenas. La situación económica del país tarde o temprano obligará a la primer mandataria a tomar medidas extraordinarias para evitar una crisis financiera que sería fatal para ella.
La eventual pérdida del grado de inversión sería un golpe mortal al frágil equilibrio de las finanzas públicas, y con ello el estallido de una crisis social severa. Es por ello que a Claudia Sheinbaum no le queda mucho margen de maniobra frente a AMLO. Ni tiene dinero para seguir financiando sus obras inútiles, ni puede cobijarlo frente a una posible acción de los Estados Unidos.
Es un asunto de pragmatismo y supervivencia política, a menos que quiera ser parte de un suicidio político colectivo que incluya a amplios sectores de la población mexicana. Lidiar con Trump no es una tarea fácil para ningún mandatario, pero el México de la 4T parece mostrarse como el escenario perfecto para que las ambiciones del presidente gringo y sus aliados conocidos como MAGA, terminen por hacer realidad su sueño de control absoluto del continente americano.

