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Opinión

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¿Quién pierde cuando ruede el balón?

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

¡Pues ya está! Esta semana rueda el balón de una Copa del Mundo; además, el primer silbatazo ocurre en México y con la selección mexicana. ¿Qué más puede pedir el régimen si atiende al viejo manual de la distracción política?

Ya vimos cómo han usado el balón de futbol como una gigantesca distracción: desde las admirables mujeres que dominan este deporte, hasta las que se disputan ferozmente por ganar un balón de regalo a la mitad de la mañanera. Bueno, hasta los ajolotes morados “nadando” en los “espejos de agua” de las inundaciones de la Ciudad de México.

El júbilo social existe, aunque no parece lo suficientemente sólido como para dosificar la atención de los ciudadanos y diluir los temas más espinosos de la agenda nacional.

Sin embargo, en esta ocasión, la estrategia de distracción podría fallar en su cálculo elemental: los partidos mundialistas no acaban con los problemas estructurales que enfrenta México y sí pueden opacar la retórica oficial del control de daños. El fenómeno de la narcopolítica y el deterioro de la seguridad interna ya no se diluyen ni con los goles de la Selección; al contrario, jalan la marca y la atención internacional hacia los problemas del país anfitrión.

Mientras el mundo corea goles en las canchas de los tres países de Norteamérica, las investigaciones de las agencias de justicia de Washington van a seguir con los casos criminales y con posibles imputaciones de alto nivel, sin que este torneo de futbol las vaya a suspender.

Es un hecho que la euforia deportiva disminuirá la atención social de esos temas centrales, pero también es una certeza que no impedirá que sucedan. Y si a la par de las jugadas históricas que deje este campeonato, se dan a conocer más noticias bomba por parte de la justicia estadounidense, también estará mermada la capacidad del régimen para fijar una postura que llegue de manera efectiva a la opinión pública, en especial a sus feligreses.

Las posibles imputaciones contra personajes clave del sistema político mexicano corren por una banda donde no hay autoridad mexicana que pueda marcar un fuera de lugar. No hay torneo de futbol capaz de suspender un proceso judicial estadounidense ni de frenar la filtración de información incómoda para Morena y su gobierno.

Es justamente ahí donde la retórica oficial puede sufrir una goleada. Si durante las próximas semanas la justicia de Estados Unidos, ya sea a través del Departamento de Justicia o la DEA, decide dar a conocer alguna noticia relevante o activar nuevas órdenes de aprehensión, la capacidad del régimen para instrumentar un control de daños efectivo estará severamente mermada por el propio torneo mundial.

Claro que el gobierno puede ganar un respiro temporal en el ánimo colectivo, pero podría perder de forma definitiva la discusión retórica de fondo: mientras un deporte nos deja en claro que Norteamérica no tiene fronteras, el régimen perderá espacios para su discurso abstracto, y hasta anacrónico, de soberanía.

Cuando el balón deje de rodar en julio y haya un nuevo campeón del mundo, habrá que ver cómo va ese otro marcador entre la persecución de los narcopolíticos y la retórica de la soberanía.

La estrategia de distracción podría fallar en su cálculo elemental: los partidos mundialistas no acaban con los problemas estructurales de México y sí pueden opacar la retórica oficial del control de daños.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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