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Un mundo roto: Hambre

Opinión
Recientemente, la NASA dio a conocer la imagen real de nuestro planeta. No es una esfera perfecta como se imaginaban durante la época de Kepler, pero tampoco es un esferoide achatado en los polos. La NASA dice que la Tierra tiene una forma geoide, pero la verdad es que parece una creación del Dr. Frankenstein: abollada, con bultos en algunas partes y ligeras hondonadas. Un mundo roto.
Curioso que ahora sepamos que la forma de la Tierra es una fiel representación de las noticias horribles que nos traen los medios cada día. ¿Acaso nuestro hogar cósmico se ha ido afeando conforme hemos avanzado en el control del planeta? Se parece a lo que somos sin duda.
Parte de este afeamiento son nuestras contradicciones y las hay graves, muy graves. De acuerdo con los datos de la FAO el año 2025 hubo cifras récord de producción de alimentos, sobre todo en maíz, trigo, arroz y carne de aves. La institución subrayó que la producción mundial de alimentos el año pasado fue suficiente para alimentar a toda la población del planeta. Sin embargo, esto no es así. Existen barreras económicas y sociales que impiden el acceso y distribución de alimentos en el mundo.
En 2025, alrededor de 645 millones de personas (el 7.8% de la población mundial) padecieron hambre. Otras 2, 100 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria moderada o grave. Las causas las conocemos bien. En primer lugar, la pobreza y un bajo poder adquisitivo hacen que simplemente no haya dinero suficiente para comprar comida nutritiva y saludable todos los días. Las guerras y los conflictos comerciales provocan una disminución de suministros e incluso destruyen mercados locales. También los efectos de la crisis climática afectan los precios de productos e insumos. Ahora mismo, la guerra en Irán y países colindantes no solo ha elevado los precios del petróleo, sino que también está afectando la producción de fertilizantes. La pregunta no es si los precios de los alimentos se verán afectados, sino cuándo y en qué medida lo serán.
Organismos internacionales están señalando que hay una "triple carga de la malnutrición": la coexistencia de la desnutrición crónica, lo que provoca retraso del crecimiento y disminución en la capacidad de aprendizaje; las deficiencias de nutrientes básicos, lo que se denomina hambre oculta; y el alarmante incremento del sobrepeso y la obesidad. En México se dan las tres cargas.
Según un informe recientemente difundido, llamado El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI 2026), elaborado por la FAO, la UNICEF y la OMS, el hambre global ha mostrado un descenso gradual por tercer año consecutivo. Pese a esto, las metas de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas permanecen drásticamente rezagadas. La gran paradoja: hay suficientes alimentos para todos, pero alrededor de 2,700 millones de personas no pueden costearlo. De acuerdo con el Banco Mundial dos tercios de los países de ingreso bajo y medio sufrieron retrocesos severos en la nutrición y el desarrollo cognitivo temprano entre 2010 y 2025.
El rezago alimentario tiene efectos diferenciados por género y edad tanto a nivel mundial como en América Latina. Conforme a los datos de UNICEF hay 150 millones de niños menores de cinco años en el mundo que sufren de desnutrición crónica, lo que limita su estatura y, de forma permanente, sus capacidades cognitivas, así como su productividad futura. El bajo peso agudo o emaciación afecta al 6.6% de la niñez. En el lado contrario, la obesidad infantil se expande sin frenos debido al consumo de azúcares y grasas saturadas. Curiosamente, un niño puede sufrir de obesidad y, al mismo tiempo, padecer anemia por falta de hierro.
En el caso de México, el reporte del Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición de la FAO destaca que México ha reducido la subalimentación en los últimos años al 2.7% de su población, dato muy cercano a la erradicación del hambre extrema (2.5%). Por otro lado, UNICEF México confirma que la desnutrición aguda (emaciación) en menores de cinco años se mantiene controlada en un 1.0%, muy por debajo de la media internacional. Sin embargo, la geografía del bienestar en México es profundamente desigual: uno de cada ocho niños menores de cinco años padece desnutrición crónica. Este dato se duplica o triplica en zonas de Chiapas, Oaxaca y Guerrero, sobre todo en comunidades indígenas.
A pesar del progreso en los indicadores generales de pobreza alimentaria absoluta, cerca de 26 millones de mexicanos no consiguen costear de forma regular una dieta adecuada. Según el SOFI el costo de una dieta saludable en México fue de 82 pesos diarios por persona, lo que equivaldría a $9,840 por mes para una familia con cuatro integrantes. Esto es, un salario mínimo alcanza solamente para comprar alimentos para una familia de cuatro.
