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Opinión

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El mito del petróleo venezolano

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Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

Gabriel Quadri de la Torre

La intervención de Estados Unidos en Venezuela para capturar y exfiltrar a su infame dictador (gran amigo del gobierno mexicano) no puede justificarse por el petróleo. Las afirmaciones de Trump no tienen sentido; parece atrapado en los años 70’s. Las reservas probadas reales de petróleo de Venezuela están muy lejos de los 300,000 millones de barriles que infló la dictadura de Chávez y Maduro con fines de propaganda. Más aún, casi todas las reservas significativas se encuentran en la Faja del Orinoco, donde sólo hay hidrocarburos superpesados y extraordinariamente densos y de alta viscosidad, de menos de 10° API (entre mayor sea este parámetro, el petróleo es más ligero y fácil y barato de procesar). Un petróleo de buena calidad tiene más de 26° API). El petróleo venezolano de la Faja del Orinoco es tan pesado y viscoso que no fluye, no puede bombearse, ni se puede refinar directamente. Tiene un exagerado contenido de azufre; es muy parecido al petróleo de arenas bituminosas de Canadá, cuya explotación es increíblemente cara. Es indispensable calentar los yacimientos o inyectarles solventes, diluir el petróleo con condensados o naftas, hacer emulsiones agua-aceite con surfactantes (parecidos a los detergentes), y calentarlo para reducir viscosidad y poderlo mover por ductos, lo que implica un enorme gasto energético. Todo esto debe hacerse en los campos de producción y en terminales, para transformarlo en crudo sintético o Syncrude, capaz de ser exportado. Es preciso transportarlo en barcos con calefacción, y descargarlo altas temperaturas. En las refinerías es necesario hacer una doble destilación (atmosférica y al vacío) y coquizar las fracciones más pesadas en reactores carísimos a elevadísimas temperaturas, es decir, romper las moléculas más grandes (como los asfaltenos) para producir un poco más de destilados, y coque de petróleo. Esto, además de la necesidad de procesarlo durante la refinación en complejas plantas de Hidro-desulfurización, a base de Hidrógeno, para remover el azufre y convertirlo en Sulfuro de Hidrógeno (H2S) o Ácido Sulfhídrico (que huele a “huevo podrido”). Muy pocas refinerías pueden hacer todo esto, que es sólo rentable con precios del petróleo superiores a 80 o 100 USD por barril. Además, este crudo superpesado venezolano se vendería con un gran descuento. Con los precios actuales en torno a 60 USD y las previsiones de niveles aún más bajos por menor demanda, por la electrificación acelerada del parque vehicular, y sobreoferta, nadie está interesado en los campos petroleros venezolanos. Las inversiones requeridas son astronómicas; según algunos analistas de 200,000 millones de USD para recuperar la producción de Venezuela en los años 1990, de unos 3 millones de barriles diarios. (Hoy produce menos de 800,000 barriles diarios, por la confiscación de activos de empresas privadas, la estatización chavista de la industria, el despido de ingenieros competentes, y la entrega de PDVSA a personeros corruptos de la dictadura).

Los costos de solventes, diluyentes, surfactantes, energéticos para calentar, e hidrógeno son prohibitivos. Todo esto lo saben muy bien los directivos de las grandes empresas petroleras norteamericanas, y, como se lo hicieron saber hace algunos días a Trump, no están interesados en Venezuela. Restablecer la producción venezolana es totalmente fantasioso en el corto y mediano plazos, y no serviría a los intereses de Estados Unidos, que hoy es el primer productor de crudo del mundo (con 24 Millones de Barriles Diarios), y un exportador neto de petróleo y refinados. Esto, gracias a la revolución del Shale Oil (crudo de lutitas) y de las tecnologías de Fractura Hidráulica (Fracking). Nadie va a entrenar en Venezuela a miles de trabajadores altamente especializados, o a buscar, reentrenar y recontratar a los que huyeron (8 millones de venezolanos escaparon de la dictadura, casi la tercera parte de la población), ni a reconstruir infraestructura derruida y desarrollar la nueva infraestructura pantagruélica que se requiere, y con costosos equipamientos de protección ambiental. Esto, en cualquier escenario, llevaría más de 15 años. Nadie, además, va a invertir en ejércitos de guardias privados como defensa contra mafias, milicias y crimen organizado, en un país inundado de armas y corrompido hasta la médula. Tampoco, nadie va a asumir los brutales riesgos políticos cuando Trump intenta “gobernar” el país a través de las estructuras intocadas y podridas de la dictadura. Venezuela tiene más de 120,000 soldados y cerca de 300,000 milicianos comunistas armados, entrenados y manejados por la seguridad cubana, dispuestos a asesinar y a violentar cuanto sea necesario. Comparativamente, Irak habría sido una kermese infantil. Todo ello, con un mercado saturado, y mientras numerosos países de América descubren nuevas y cuantiosas reservas, como Argentina, Brasil y Guyana, e incluso, los propios Estados Unidos, reservas cuya explotación y comercialización es económicamente viable aún con un precio por debajo de 60 USD por barril. Trump debe buscar otro discurso justificativo para haber capturado al nefando dictador, no, el petróleo. Podría intentar con el retorno a la democracia y el llamado a nuevas elecciones supervisadas por organismos internacionales.

Gabriel Quadri de la Torre

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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