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Opinión

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¿Cómo impulsar la aceptación y emisión de tarjetas bancarias?

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Rodrigo Alcázar Silva | Reglas del juego

Rodrigo Alcázar Silva

Cada vez que alguien compra un bien o paga un servicio con una tarjeta de pago (crédito o débito), se da una interacción entre dos bancos: el del tarjetahabiente y el del comercio que recibe la tarjeta, a menos que el banco de ambas partes sea el mismo.

De no ser el mismo, estos bancos se deben poner de acuerdo para compensar sus operaciones. Hacer sumas y restas entre lo que se deben y lo que les deben, para poder llegar a un resultado final.

Entre estas sumas y restas se contempla una comisión que le paga el banco del comerciante al banco del tarjetahabiente. Se llama tasa de intercambio y tiene el objetivo de compensar al emisor por asumir los riesgos del financiamiento (fraude, falta de pago, etcétera).

Generalmente esta tasa está regulada por las autoridades financieras, puesto que de ser completamente libre o de acordarse solo entre las redes grandes, podría traer riesgos de competencia y de consumidor. Si no se regula, las redes bancarias más grandes podrían imponer una tasa de intercambio muy alta a las redes bancarias más pequeñas, lo cual además de afectarlas, afecta también al consumidor, pues una tasa muy alta inhibe que el comercio reciba la tarjeta.

¿Entonces qué tasa deben poner las autoridades? Una muy alta inhibe la recepción de tarjetas, una muy baja reduce los incentivos de los bancos a emitirlas. La pregunta para responder es: ¿qué nivel de tasa hace que el comerciante rechace un pago con tarjeta cuando un cliente que no repite compra y tiene efectivo está a punto de pagar en la caja? Si la tasa de intercambio es muy alta, los comercios prefieren el pago en efectivo.

El premio Nobel de Economía de 2014 Jean Tirole y otro economista francés Jean-Charles Rochet abordaron este problema, concluyendo que la tasa de intercambio debe calcularse con base en un modelo de costos evitados (similar a los modelos de costos que se usan en la regulación de telecomunicaciones). A este modelo se le conoce como: el test del turista.

Este modelo permite calcular una tasa de intercambio óptima, que es diferente para tarjetas de crédito y débito, y también es distinta para cada país, porque su nivel debe reflejar el costo de que los comercios acepten el efectivo (mayores problemas de seguridad, llevarlo y traerlo del banco, almacenarlo, conseguir cambio, etcétera). También depende del grado de informalidad en la sociedad, puesto que los comercios tienen un incentivo adicional a recibir pagos en efectivo cuando saben que es sencillo no declarar el impuesto de sus ventas.

Las tasas máximas de intercambio en México son de alrededor de 1.91% para tarjeta de crédito y 1.15% para débito. En Europa son de 0.3% y 0.2%, respectivamente. También países de la región tienen tasas más bajas a las mexicanas. Recientemente las autoridades financieras mexicanas han puesto a consulta pública una nueva regulación para reducirlas a un tope máximo de 0.6% y 0.3%.

No he logrado encontrar algún documento en el que expongan cómo llegaron a concluir que esos niveles son los óptimos, si llegaron ahí usando un modelo de costos evitados o sólo haciendo una comparación con las tasas de intercambio de otros países. Es de gran importancia que las autoridades expongan con claridad qué metodología se usó, puesto que una tasa de intercambio mal calculada sería perjudicial para la sociedad: inhibiría ya sea la emisión o la recepción de tarjetas y, con ello, la inclusión financiera, ámbito en el que México está bastante lejos, incluso de países similares en Latinoamérica como Colombia, Argentina y Brasil.

De tal modo, convendría revisar muy bien los valores propuestos por las autoridades financieras y sobre todo la metodología que usaron para estimarlos.

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