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Opinión

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Las fallas de la propuesta de Mazzucato para el Plan México

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Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico

Gerardo Flores Ramírez

La semana pasada llamó la atención el entusiasmo al interior del gobierno federal por la presencia en México de Mariana Mazzucato, economista de origen italiano avecindada en Londres, desde donde ha construido un perfil muy mediático y lidera el Instituto para la Innovación y Propósito Público, en la University College London (UCL). Ella y su equipo fueron contratados en mayo de 2025 por el gobierno federal para “apoyar el diseño e implementación de la agenda económica transformacional de México”, aunque los acercamientos entre Mazzucato y el gobierno federal iniciaron desde octubre de 2024, o sea, justo al arranque de la administración de Claudia Sheinbaum.

Pero no solo llamó la atención su presencia en México, también lo hizo la presentación que hizo a funcionarios gubernamentales sobre los avances del proyecto en el que está trabajando para el gobierno: “State Transformation for Plan México, A Mission-Oriented Approach to Delivering Shared Prosperity”. Plantea una estrategia a partir de un concepto desarrollado por ella misma, la “economía de misiones”, que promueve una visión del Estado como si fuera capaz de resolver los desafíos que enfrenta, si los aborda con el mismo enfoque que se utilizó para el primer viaje a la Luna, es decir, que se puede aplicar esa misma capacidad de organización a los grandes problemas de hoy.

Algunos colegas economistas ya han empezado a comentar en espacios editoriales las que podrían considerarse como las principales fallas del borrador de reporte sobre su proyecto para México. Para mí, la falla central de su enfoque es sobredimensionar las capacidades de Estado mexicano y subestimar sus deficiencias más destacadas.

El reporte propone una arquitectura con ocho ejes: a) marco fiscal que trate la inversión pública como palanca y no como variable de ajuste; b) portafolios de “misiones”; c) condicionalidades al capital privado; d) banca de desarrollo coordinada; e) compras públicas con propósito; f) co-creación, del diseño central al conocimiento a nivel local; g) capacidades administrativas dinámicas; y h) un espacio de pruebas de las “misiones” (un sandbox).

Algunos han señalado que el proyecto de Mazzucato da por descontado la existencia de un andamiaje institucional que la 4T desmanteló, por lo que pareciera que no ha investigado bien sobre lo que realmente puede hacer su cliente. Por otra parte, me llama la atención que no menciona una sola vez el desafío que representa la corrupción gubernamental. Que nadie se haga el sorprendido en el gobierno, pero el hecho de que se hayan triplicado los costos de construcción de Dos Bocas o cuadruplicado los del Tren Maya, es un fuerte indicio de que ahí hubo corrupción. Lo mismo ha ocurrido con la compra consolidada de medicamentos o insumos médicos, las compras de granos por parte de Segalmex y una larga lista.

Luego, su idea de ponerle condiciones a los agentes privados en los contratos con el gobierno o concesiones públicas solo tendría eficacia si hay certeza de que los tribunales pueden dirimir con apego pleno al derecho cualquier diferencia entre privados y gobierno, pero la reforma al Poder Judicial simplemente socavó esa posibilidad, la falta de consistencia en criterios y las ocurrencias han creado un ambiente de mayor incertidumbre. Otro problema es que su propuesta descansa sobre el papel de una banca de desarrollo altamente eficaz, otro sector institucional que ha sufrido el desmantelamiento por parte de la 4T.

Una omisión sustantiva en el reporte preliminar de Mazzucato es que no menciona absolutamente nada sobre el rumbo actual del Plan México, que lleva ya 18 meses de haberse puesto en marcha. Por ejemplo, una de las metas más relevantes de dicho plan es que en 2026, la inversión represente 25% del PIB. Al cierre del primer trimestre de este año, apenas pudo ubicarse en 21.1%, muy lejos de la meta. Por ahí menciona que la inversión está por debajo de lo que se pretendía, pero no razona sobre el problema.

No sé qué le han platicado a Mazzucato desde la 4T sobre lo que este régimen ha hecho con las capacidades del Estado mexicano, incluida la sistemática erosión de su capital humano. La apuesta de Mazzucato es muy alta, sobre todo si no se ha metido a revisar a profundidad las verdaderas capacidades del sector público mexicano y el grave problema de corrupción. Por su parte, el gobierno parece confiado en que la bendición de Mazzucato lo aislará de críticas. Ambos parecen estar muy equivocados.

*El autor es economista.

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