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Error de cálculo: Lula somete a Brasil a mayor dependencia de China comunista
El presidente Lula está concentrando demasiado poder en manos de China, incluyendo áreas sensibles como telecomunicaciones, seguridad espacial, comercio y ahora deuda en yuanes.

Opinión
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha intensificado su confrontación con Estados Unidos y su dependencia de la China comunista, una estrategia que podría poner en grave riesgo la economía, la seguridad y la soberanía de Brasil.
En los últimos días, Lula ha endurecido su retórica contra Estados Unidos y ha calificado al secretario de Estado, Marco Rubio, de latinoamericano frustrado y "enemigo mortal". La reacción del líder izquierdista se produce tras el anuncio de Estados Unidos de imponer aranceles del 25 % debido a prácticas comerciales desleales y de designar a las bandas criminales PCC y Comando Vermelho como organizaciones terroristas.
Lula ha desplegado una retórica poco diplomática y sin filtros que no beneficia a ninguno de los dos países. Brasil es una de las mayores economías del mundo y Estados Unidos es su segundo socio comercial más importante. En 2023, las exportaciones estadounidenses de bienes y servicios a Brasil sumaron 37.900 millones de dólares, mientras que las importaciones desde Brasil alcanzaron los 36.900 millones. Esto representó un valor comercial total de 74.800 millones de dólares en 2023.
En su afán por distanciarse del dólar y de Estados Unidos, Lula ha aumentado su dependencia de China. Esta semana se anunció que Brasil avanza en la emisión de "bonos panda" en yuanes. En otras palabras, Brasil ya vende la mayor parte de hierro, soja y petróleo a Pekín, pero ahora también busca endeudarse en yuanes chinos, supeditando así la libertad financiera de Brasil a la potencia comunista.
Este acercamiento a China no se limita al ámbito económico; a principios de este año, Brasil recibió con los brazos abiertos el buque hospital militar Silk Road Ark, perteneciente a la Armada del Ejército Popular de Liberación. Efectivos navales de ambos países realizaron un ejercicio marítimo conjunto de búsqueda y rescate. China también llevó a cabo una demostración de una operación de combate y rescate.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha criticado el llamado "capitalismo salvaje" y las injusticias sociales. Sin embargo, tanto Brasil como China fueron cuestionados por prácticas empresariales similares a la esclavitud moderna en una fábrica de automóviles.
La peligrosa agenda espacial China
Brasil y China avanzan para profundizar su asociación en asuntos espaciales. Ambos países promueven la construcción del Laboratorio Conjunto de Tecnología Radioastronómica. El proyecto cuenta con la participación de una empresa estatal de defensa conocida como China Electronics Technology Group Corporation (CETC).
Las dos naciones también avanzan en la construcción del radiotelescopio más grande de Sudamérica, conocido como BINGO (Baryon Acoustic Oscillations from Integrated Neutral Gas Observation). Sin embargo, China no es un explorador espacial inocente, sino un adversario peligroso que busca mejorar sus capacidades militares en la zona de influencia de Estados Unidos.
En el sector de las telecomunicaciones, Brasil sigue trabaja con Huawei. Esta controvertida empresa de telecomunicaciones ha sido acusada de presunto espionaje por varios países europeos y por Estados Unidos.
En 2024, el entonces senador Marco Rubio advirtió que Huawei ha expuesto a Estados Unidos a una posible interferencia en el mando nuclear y ha robado tecnología de al menos seis empresas estadounidenses.
Lula también ha mostrado poco compromiso en la lucha contra el narcotráfico y por tanto quedó fuera de la iniciativa "Escudo de las Américas", promovida por Estados Unidos y una docena de naciones latinoamericanas.
El presidente de Brasil se ha opuesto abiertamente a designar a bandas criminales como el PCC y el Comando Vermelho como organizaciones terroristas. Su opción, al igual que México, busca más abrazos y no balazos.
El líder izquierdista está concentrando demasiado poder en manos de China, creando una dependencia en materia de telecomunicaciones, seguridad espacial, comercio y, ahora, vínculos financieros que dejan a las finanzas brasileñas vulnerables a las fluctuaciones económicas de China.
Brasil necesita cambiar de rumbo bajo un liderazgo que priorice al país por encima de agendas ideológicas partidistas. La confrontación con Estados Unidos es inútil y estéril, pero la dependencia de Pekín pone en riesgo la economía brasileña y amenaza la seguridad de las Américas.
Arturo McFields es un periodista exiliado, exembajador de Nicaragua ante la Organización de los Estados Americanos y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega. Es egresado del Seminario de Seguridad y Defensa de la Universidad de Defensa Nacional y del curso de liderazgo de Harvard.
