Lectura 4:00 min
Las demoras de Morena

Alberto Aguirre | Signos Vitales
La resaca mundial dio paso al peor escenario. Ariadna Montiel, aún debe consolidar su liderazgo y contener los ánimos desbordados por los aspirantes a las 17 coordinaciones estatales para la defensa de la transformación. Las expectativas generadas por el cronograma ideado por Citlalli Hernández provocaron una estampida que debió ser frenada abruptamente.
En parte, por el amago de un bloque —minoritario, pero estridente— de consejeros electorales, que tratan de sancionar a los adelantados en la pre-pre-precampaña inducida por la dirigencia del partido guinda, con el aval de Palacio Nacional. La difusión de los postulados claudistas ha sido un incentivo exiguo y más, en las semanas de la justa futbolística.
Y la promoción anticipada es altamente contrastante, con el discurso pueril. Las “asambleas informativas” alimentan la maquinaria de la movilización que amansa temporalmente a las bases y enriquece permanentemente a unos cuantos.
Los pevemistas han superado —para mal— los artilugios que inicialmente usaron, por sugerencia de Hugo Scherer y Ulisis Beltrán. Y seguros de que tendrán al menos seis candidatos a las gubernaturas que habrán de jugarse en las urnas, dentro de 11 meses, han elevado los costos. ¿Ejemplos? En Querétaro, el diputado federal Ricardo Astudillo ha recurrido al equipo de consultores y publicistas que trabajó para Xóchitl Gálvez en el 2024. Su posicionamiento —que debía enfocarse a conquistar apoyos entre las bases morenistas— ha sido más expansivo, según las pautas marcadas por Carlos Mandujano.
Y es que contener la propaganda inducida a través de las encuestas —estrategia planeada por Iván Manuel y David Alonso Silva Yanome—requiere de esfuerzos (y recursos) mayúsculos. Mala, por fraudulenta, la intención de replicar el algoritmo que definirá a los coordinadores estatales. Pero igualmente pernicioso es elucubrar si algo hizo subir o bajar a un candidato algunos puntos cuando ni siquiera han iniciado las campañas formales. Aun con las brechas actuales, las encuestas que pronostican una arrolladora victoria de Morena en las elecciones del próximo año son un disparate. El factor Sheinbaum sería, en ese caso, el gran salvador.
No obstante en media docena de entidades, los sondeos no admiten lugar a dudas, la dirigencia morenista decidió concursar las vacantes. Un bloque de aspirantes identificado con el sector más radical del partido ha decidido enfrentar al aparato propagandístico que despacha en los pisos superiores de Reforma 27.
Protagonista de ese alineamiento, el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar, quien ha enfocado —con un grupo independiente de publicistas y encuestadoras— a media docena de entidades. En pocas, coinciden. Zacatecas, entre ellas, donde el alineamiento es contra la hegemonía monrealista. En Tlaxcala, por el contrario, ocurre una de las batallas más sórdidas.
Llevar la polarización a sus filas es lo peor que podría pasar a Morena, aunque Ariadna Montiel y Citlalli Hernández poco han hecho para contener las ansias de los pretendientes a las 17 coordinaciones. Tampoco han hecho mucho para aplicar las reglas establecidas en la convocatoria.
Después de dos meses de hiperactivismo, los aspirantes han tenido que prolongar sus faenas por lo menos hasta finales de agosto. Con más orden y menos bullicio, pues las próximas semanas deberán enfocarse en la previa del Segundo Informe Presidencial.
Por lo pronto, más de un centenar de aspirantes rechazados navegan entre el enojo y la depresión. Descalificados, sin información fidedigna, muchos han visto con recelo las reuniones convocadas por Montiel y Citlalli con aquellos que serán incluidos en las encuestas, en vísperas de los levantamientos.
Los elegidos serán nominados en cuatro semanas. ¿Contentos y esperanzados? Muy pocos. La marcha del país preocupa y el riesgo de ruptura, altísimo. La frustración nunca ha servido para lograr que el colectivo se ubique detrás de una misma bandera política.
alberto.aguirre@eleconomista.mx


