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Colegio de Pilotos: rumbo, altura y velocidad

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
La gestión de Ángel Domínguez Catzín al frente del Colegio de Pilotos Aviadores de México (CPAM) concluye después de cuatro años intensos para la aviación nacional. No fue una gestión de rutina. Le correspondió conducir al Colegio en un periodo marcado por la recuperación de la Categoría 1, la discusión legislativa sobre el cabotaje, la contratación ilegal de pilotos extranjeros en aerolíneas mexicanas, la necesidad de fortalecer a la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) y la transformación interna de una institución cercana a cumplir ocho décadas.
Domínguez Catzín asumió la presidencia en julio de 2022 y desde el inicio planteó que la aviación debía ser considerada estratégica para la economía, el turismo y el desarrollo del país. También defendió la necesidad de construir una política aeronáutica de Estado y de contar con una regulación moderna, eficiente y acorde con los estándares internacionales. Esa visión explica buena parte de su actuación pública: lejos de limitarse a la representación profesional de sus integrantes, el Colegio llegó a convertirse en una voz autorizada y relevante dentro de los grandes debates nacionales.
Su participación contra el cabotaje fue, probablemente, el momento de mayor exposición y cohesión gremial. Frente a una propuesta que habría permitido a aerolíneas extranjeras transportar pasajeros entre destinos mexicanos, el Colegio argumentó que estaban en juego la soberanía aérea, el empleo especializado y la viabilidad de las empresas nacionales. La iniciativa del cabotaje finalmente no prosperó, resultado de una movilización amplia en la que pilotos, sindicatos, aerolíneas y otros actores lograron presentar una posición común.
Otro eje constante fue el fortalecimiento de la AFAC. Domínguez Catzín insistió en que recuperar la Categoría 1 no bastaba: era indispensable evitar una nueva degradación mediante presupuesto, personal técnico, capacitación y capacidad de supervisión. En 2023 pidió más recursos para el regulador y advirtió que una autoridad débil compromete la seguridad operacional y el crecimiento del mercado. Su planteamiento conserva plena vigencia, pues gran parte del presupuesto de la AFAC continúa destinado al gasto corriente y deja poco margen para modernización, inspecciones y proyectos.
Otro de sus legados es la educación. Durante su administración, el Colegio obtuvo el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios para la Licenciatura en Piloto Aviador, una aspiración perseguida durante décadas. El programa amplía la formación tradicional con materias de derecho aeronáutico, administración, aerodinámica avanzada, investigación de incidentes y perspectiva de género. No se trata solamente de elevar el grado académico: significa reconocer que pilotar una aeronave es una profesión estratégica, compleja y vinculada directamente con la seguridad.
A ello se suman la consolidación del Centro de Capacitación, la adquisición de un simulador, la apertura de una oficina en Guadalajara, la creación del Comité de Aviación Ejecutiva y modificaciones estatutarias que modernizaron al Colegio. Su gestión también mantuvo una posición firme sobre los riesgos laborales de una mayor concentración del mercado aéreo.
Domínguez Catzin deja una institución más visible, activa y consciente de su responsabilidad pública. Su estilo combinó firmeza, capacidad de diálogo y una entrega personal. Después de trece años de colaboración interna y cuatro como presidente, deja el mando reconociendo que liderar también significa, como diría uno de los grandes fundadores del Colegio, Cap. Augusto Marquet: pensar alto, sentir hondo y hablar claro.

