Lectura 4:00 min
Menos accidentes, aún hay riesgos

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
La aviación comercial cerró 2025 con una paradoja que obliga a mirar más allá de los indicadores generales. El tráfico mundial alcanzó 4,950 millones de pasajeros y 38.08 millones de vuelos, mientras el número de accidentes bajó de 95 a 85. La tasa global también mejoró: pasó de 2.56 a 2.23 accidentes por millón de salidas, una reducción de 12.9%. Sin embargo, las víctimas mortales aumentaron de 296 a 387 y la tasa de mortalidad subió de 65 a 78 fallecimientos por cada mil millones de pasajeros. La conclusión es incómoda: volar sigue siendo extraordinariamente seguro, pero unos cuantos sucesos catastróficos pueden revertir en un instante los avances estadísticos de todo un año.
El más reciente reporte de seguridad de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), identifica con claridad dónde se concentra el riesgo. Cinco categorías explicaron más de la mitad de los accidentes mortales de 2025: pérdida de control en vuelo, impacto contra el terreno (CFIT), colisión en vuelo, excursión de pista e incursión en pista. La pérdida de control continúa siendo una de las amenazas más graves porque suele evolucionar rápidamente y deja escaso margen de recuperación. Su prevención exige entrenamiento recurrente de pilotos, mejores sistemas de alerta, disciplina operacional y una gestión más rigurosa del desempeño humano.
También preocupa el impacto contra el terreno. Aunque estos accidentes son poco frecuentes, suelen ser devastadores. De ahí la importancia de fortalecer la conciencia situacional, los sistemas de advertencia de proximidad al terreno y los procedimientos de aproximación. Las colisiones en vuelo constituyen otro foco crítico, sobre todo en un espacio aéreo más congestionado y con la incorporación progresiva de drones y vehículos de movilidad aérea avanzada. La modernización del control de tránsito, la separación segura y las tecnologías anticolisión deberán avanzar al mismo ritmo que el crecimiento de la demanda.
En pistas hubo una señal positiva: no se registraron accidentes por incursión que involucraran aviación comercial. No obstante, ocurrieron siete excursiones de pista, una de ellas mortal. Esto demuestra que los aeropuertos deben mantener inversiones en infraestructura, comunicaciones, señalización, gestión de superficie y equipos locales de seguridad en pista.
La agenda de la OACI para 2026-2050 se resume en una aspiración ambiciosa: que cada vuelo sea seguro y protegido y avanzar hacia cero víctimas mortales. Para ello dará prioridad a la normalización internacional, el monitoreo de tendencias, el apoyo a la implementación y la asistencia técnica a los Estados. El punto central no es emitir más reglas, sino asegurar que se cumplan las existentes. Persisten debilidades en personal técnico, inspección continua, resolución de deficiencias y poca capacidad de las autoridades para sostener una vigilancia efectiva.
La industria, por su parte, debe evitar la complacencia. Menos accidentes no significa menos riesgo sistémico. El crecimiento del tráfico, la presión sobre tripulaciones, aeropuertos y controladores y la integración de nuevas tecnologías demandan inversión, datos compartidos y supervisión independiente. La seguridad aérea no se consolida con promedios favorables, sino evitando que el próximo evento raro se convierta en una tragedia masiva.
Para México, el mensaje es particularmente relevante: fortalecer a la autoridad aeronáutica, profesionalizar inspectores, proteger presupuestos y actualizar los programas estatales de seguridad no son tareas administrativas secundarias. Hay que convertir las recomendaciones internacionales en capacidades nacionales verificables y permanentes.


