Si partimos del principio de que el futuro se compra con el presente, el año próximo será para nuestro país más o menos igual que 2015. Incluso las estimaciones del FMI lo confirman. Se trataría de un crecimiento económico para 2016 de alrededor de 2.5 por ciento.

Recordemos que en el 2015 el país creció a una tasa de 2.2%, menor a la que se estimaba de 5%, explicable por el enfriamiento de la industria de la construcción, la menor demanda de Estados Unidos país al que destinamos 80% de nuestras exportaciones y la caída de los precios del petróleo.

Tanto el crecimiento del 2015 como el que se estima para 2016 son muy bajos en relación con las necesidades del país, aunque son mayores que los presentados en promedio por el conjunto de países de América Latina. No es consuelo, es estar dentro del contexto de niveles bajos de crecimiento para casi todos los países.

Lo peor es que la inercia se encargue de la evolución de la vida económica y social. Es importante reforzar las decisiones del pasado que han sido positivas. El TLC de América del Norte hizo que varios sectores de la actividad económica tuvieran resultados espectaculares. Pero ese desarrollo no ha sido uniforme. Ha rezagado a una buena parte de la población. Una vía es ampliar los beneficios probables del Acuerdo de Asociación del Pacífico y China. La OCDE recomienda una política económica de exportaciones adaptada a la nueva cesta de la compra china en un reconocimiento de que la relación con China es clave para Latinoamérica, particularmente cuando ese país muestra una recuperación del consumo, la inversión y la producción industrial.

Nuestro país necesita nuevos multiplicadores de ingresos, empleo e inversión. Si al ser humano no se le ofrecen posibilidades en educación y progreso económico, no pasará de ser un marginado y el país tendrá posibilidades limitadas, con islotes de desarrollo y una masa creciente de pobres, que son fuente de violencia.

El lema que se antoja necesario instrumentar con políticas públicas, a diferencia del pasado en que se decía que gobernar es poblar, o gobernar es educar, ahora la prioridad es la de gobernar es producir y distribuir, pero se requiere engarzarnos a los contextos externos; modernizamos, lo que significa absorber tecnología útil; tener una mejor infraestructura, porque ella es base del desarrollo económico y social; contar con más capitalización.

Para juntar lo anterior, se requiere de asociaciones en las cadenas productivas. Para lograrlo es necesario entender que cada mexicano es parte de un conjunto de esfuerzos individuales, pero que necesita recursos para poder operar y así multiplicar con los demás un resultado mas productivo.

Una cuestión vital y que es ignorada por los partidos políticos es vencer la desocupación, subocupación u ocupación improductiva, problema social y de una influencia estratégica para el desarrollo nacional. Relevante, si observamos que tenemos un país de jóvenes. Ellos están aislados. Son consumidores, antes que ciudadanos o productores.

Y la corrupción, que es un lastre. Ella y la precariedad del Estado de Derecho dificultan la viabilidad del país porque afecta la vida cotidiana de millones de personas.