Dos dictadores que tienen a sus países hundidos en la miseria, fueron los invitados de honor del presidente de México. El dictador cubano vino a ser parte de los festejos patrios, lo cual es indigno tanto para los mexicanos como para los cubanos y después llegó su otro amigo a rematar, el dictador venezolano quien entró a Palacio Nacional como si fuera digno de algún reconocimiento. Patético. Por cierto, el cubano ha venido tres veces desde que inició este gobierno y el venezolano dos.

La admiración del anfitrión mexicano por los fracasados y los hipócritas no tiene límites. Cuba y Venezuela se han convertido en infiernos porque el socialismo, tan fracasado siempre en todo el mundo, ha destruido completamente a estos dos países que en su momento fueron muy prósperos. 

Es verdad que la reunión de la CELAC fue un fracaso y que lo único que destaca es la participación de tres presidentes valientes que se atrevieron a decir la verdad y a defender la libertad y la democracia: Luis Lacalle Pou de Uruguay, Guillermo Lasso de Ecuador y Marito Abdo de Paraguay. Entre los tres se encargaron de denunciar a las dictaduras y desmentir el cuento que los demás se empeñaban en hacer eco. 

El presidente de México que quiso lucir como anfitrión, dejó claro que su política exterior es tan fracasada como la interior. Las contradicciones de su gobierno son tan evidentes como burdas. Dicen querer acabar con la pobreza y la corrupción pero lo único que logran es multiplicar a los pobres y erosionar las instituciones con su nepotismo y abusos que no sólo no disminuyen la corrupción sino que la multiplican exponencialmente, tal como lo hacen con la pobreza. Ni que decir de su “defensa” de los derechos humanos o su política de “no intervención.” Cuando algo les interesa o afecta directamente esos “principios” pasan a segundo o tercer plano.

El problema es que, si bien es cierto que este tipo de reuniones no le importan a la inmensa mayoría de los ciudadanos, es precisamente la indiferencia y la ignorancia en torno a lo que ocurre en estos circos, lo que impide a millones darse cuenta de la farsa y el riesgo que representan estos líderes demagogos y populistas. 

Es increíble el nivel de cinismo de los dictadores que se atreven a repetir una narrativa tan mentirosa y engañosa proyectándose como los guardianes y defensores de todo lo que ellos mismos se empeñan en violar sistemáticamente como son los derechos humanos, la libertad y la propia democracia. La admiración de este gobierno hacia los peores dictadores es una señal de alerta que no podemos menospreciar ni debemos ignorar. Ya no son suposiciones, hay suficiente evidencia de la amenaza que esto representa.

Finalmente, los dictadores y sus amigos hicieron el ridículo proponiendo sustituir a la OEA sin ofrecer una alternativa que hiciera el menor sentido ni para ellos mismos. Su intento por crear una organización a modo para taparse unos a otros en sus mentiras y abusos es una idea que nació muerta.

Por más malos que sean estos circos, no podemos permanecer indiferentes quienes queremos vivir en libertad y recuperar nuestros países. Hay que seguir poniendo en evidencia los malos trucos y todas las contradicciones pero sobre todo, hay que construir juntos, las alternativas que puedan dar sentido principalmente a quienes aún son presa fácil de estas mentiras y engaños.

*El autor es presidente fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

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