Por si no hubiera suficiente caos político en Reino Unido, ayer llegó en visita oficial el presidente estadounidense Donald Trump, dispuesto a inmiscuirse en el proceso de sucesión de la primera ministra Theresa May y en las negociaciones del país para abandonar la Unión Europea (UE).

En ambas cuestiones, el consejo de Trump es claro: el conservador euroescéptico Boris Johnson sería un “excelente” primer ministro y, en cuanto al Brexit, lo que Londres tendría que hacer es romper a las bravas con Bruselas, sin pagar la factura de salida de 39,000 millones de libras.

En entrevistas concedidas a la prensa británica antes de su viaje, Trump llega a sugerir que Nigel Farage, el líder del partido por un Brexit duro, tendría que ser el negociador ante la UE. Es difícil discernir si esta posición de Trump se debe a sus simpatías hacia populistas como Johnson y Farage (unidas a su antipatía hacia las organizaciones multilaterales, como la UE); o si hay un plan meditado detrás de su respaldo a estos partidarios de un Brexit salvaje.

Acuerdo Estados Unidos/Reino Unido

Su objetivo final podría ser atraer a Reino Unido hacia un acuerdo trasatlántico de libre comercio que abra la puerta del mercado británico a agricultores, ganaderos, farmacéuticas y otras compañías estadounidenses que ahora ven complicado el acceso a la UE. Los tres días de la visita de Trump prometen ser intensos.

Acompañado de buena parte de su familia, el presidente prevé encuentros con la reina Isabel II, el príncipe Carlos y la dimitida primera ministra Theresa May. Su paisana Megan Markle, esposa del príncipe Harry y crítica de Trump en el pasado, ha excusado su ausencia de los actos por su baja maternal. Lo que no está claro es si el líder republicano se verá con Johnson y Farage. Curiosamente, Trump y Johnson chocaron cuando aquél era un candidato en ciernes a la Casa Blanca y éste era alcalde de Londres. Un comentario del actual presidente sobre la inseguridad en la capital británica hizo que Johnson dijera que el principal riesgo para un londinense era toparse con Trump por la calle. El Brexit, sin embargo, ha acercado a estos dos políticos.

Aunque el principal interés de Trump en esta visita parece ser hacerse fotos con la familia real, todos los ojos se Westminster estarán en los comentarios políticos del inquilino de la Casa Blanca.

Contra la opinión de Obama

Está por ver si las opiniones de Trump son contraproducentes para los intereses de Johnson. Antes del referéndum del Brexit, el entonces presidente estadounidense Barack Obama recomendó votar por seguir en la UE, opinión que fue recogida con hostilidad por parte de los británicos al considerarlo una intromisión.

Pero para los 124,000 militantes conservadores que deben decidir la sucesión de May, casi todos ellos muy euroescépticos y nostálgicos del eje transatlántico de la Segunda Guerra Mundial, las palabras de Trump apoyando a Johnson les sonarán probablemente a consejo divino.