Trump es un presidente de la prediplomacia, un mandatario en guerra.

Al parecer, la diplomacia le quita grados de libertad, una atadura que le intentan imponer entes multilaterales. Lo mejor es prescindir de ella.

Algo más: para Trump, la diplomacia cuesta demasiado dinero, lo mejor es desmantelar el organigrama de la secretaría de Estado.

Lo revelado por los periodistas Philip Rucker, Joshua Partlow y Nick Miroff, del Washington Post, el pasado sábado, confirma lo que me comentó el embajador Andrés Rozental: Trump no quiere al presidente Peña y el mexicano no simpatiza con Trump. Las fuentes del Washington Post describieron un entorno agrio durante una charla telefónica entre Peña y Trump el pasado martes. Gran parte de los 50 minutos que duró la charla la dedicaron al que se ha convertido en el tema maldito de la agenda bilateral: el muro.

Por segunda ocasión, los mandatarios no logran conformar un ambiente adecuado para encontrarse en Washington o México.

Las estampas que la Secretaría de Relaciones Exteriores distribuyó sobre el encuentro entre Luis Videgaray con Jared Kushner el pasado 14 de febrero fueron una simple conmemoración del Día de la Amistad. Para Videgaray debe quedar claro que las herramientas diplomáticas no sirven para dialogar con Trump y que las relaciones personales no siempre ayudan a consolidar las relaciones institucionales.

Videgaray debe comprender que, para Trump, México es un enemigo que le ha ayudado a ganar votos. También debe comprender que a Trump poco le importa quién será el próximo presidente de México. Le da igual. Lo tratará como lo ha hecho con Peña Nieto.

Videgaray tiene que comprender que Kushner puede caer en el momento en que el fiscal Robert Mueller lo decida. También debe saber que lo que le promete Kushner no necesariamente tiene valor para Trump.

Las fuentes del Washington Post revelaron que Trump “perdió los estribos” durante la conversación con Peña Nieto porque, aseguran, el estadounidense no estuvo de acuerdo en seguir el guion que le quiso imponer el mexicano: revelar públicamente que México no pagará el muro. Si ya lo sabe (y lo dijo públicamente) John Kelly, el jefe de gabinete de Trump, ¿para qué pedirlo a un chivo en cristalería como lo es Trump? ¿Argumento de campaña?

Si el binomio Kushner-Videgaray se pensaba como un activo electoral en las presidenciales de México, parece ser que la estrategia ha fracasado. Así lo confirmó Trump el pasado viernes durante su presentación en la Conferencia de Acción Política Conservadora. Asimilando la información de la charla con Peña del martes, Trump puso nuevamente en vilo la presencia de su país en el TLCAN.

Para lanzar un tercer intento de reunión entre Trump y Peña, el mexicano debería convertirse en un presidente audaz y comunicativo, dejar a un lado su temor por la improvisación, dejar a un lado los guiones que le aseguran confort y le eliminan riesgos por su vulnerabilidad. Misión imposible.

Su sexenio será recordado por su poca exposición a las conferencias de prensa fuera de control.

@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.