Transfaunación es una palabra que muy pocos asocian con el medio ambiente y mucho menos con los problemas que un mal manejo de especies exóticas nos puede acarrear en las economías regionales, cuando éstas se apoderan de nichos ecológicos que por derecho ancestral le pertenecen a especies nativas.

El caso del Pez Diablo en la presa El Infiernillo, en Michoacán, es sólo un ejemplo de lo que ocurre cuando desequilibramos al medio ambiente.

En El Infiernillo, desde 1959 se estableció una actividad pesquera regular y equilibrada basada en la tilapia, pero en el 2000 empezaron a observarse los primeros cardúmenes de Pez Diablo.

La hipótesis de su presencia es que por un accidente ecológico algunos organismos pasaron al medio silvestre.

El Pez Diablo es altamente competitivo, sus largas espinas dorsales lo hacen poco atractivo a depredadores; respira bajo el agua, pero puede respirar aire atmosférico en condiciones de hipoxia. Además resiste altas salinidades y cambios de temperatura, puede ver en condiciones de baja luminosidad e ingiere los huevecillos de los peces silvestres.

Todo lo anterior hace al Pez Diablo más adaptable que los peces nativos. Este pez, originario del Río Orinoco entre Brasil, Colombia y Venezuela, es conocido como Pez Armado y Cascudo. En Brasil forma una pesquería exitosa, protegida por leyes y reglamentos muy estrictos.

En el embalse de El Infiernillo, la captura incidental de Pez Diablo ha afectado en forma significativa la pesquería tradicional de Tilapia. Hoy, por cada 100 kilogramos de tilapia se pescan incidentalmente hasta 90 kilogramos de Pez Diablo, el cual no tiene valor comercial ni uso de ninguna índole, aunque ya hay quien pretende fabricar con él harina o abono.

Lo anterior ha provocado un serio problema ecológico y económico en El Infiernillo y su prolongación a la presa La Villita, que abarcan una extensión de 40,000 hectáreas, con una producción anual de 15,000 toneladas de tilapia, una derrama de 100 millones de pesos y benefician a 5,000 pescadores en una de las zonas de mayor marginación de México.

Ésta es la otra cara de la transfaunación: puede poner en peligro la economía y la estabilidad de una región y, lo más grave, alterar en forma agresiva el medio ambiente si no se maneja responsablemente.

*Jorge Reyes es el director de Pesca y Recursos Renovables. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]