Con el pretexto de explicarme en qué consiste la veda electoral, según su personal interpretación del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales y su repercusión en el periodismo, vino a visitarme mi amigo el abogado Daniel Castro.

Ignorante que soy de códigos y reglamentos pensé que las prohibiciones abarcaban también las columnas y los espacios periodísticos. En cierta forma -me informó Daniel en la mañana cuando le hablé por teléfono-, la contravención implica a los medios de comunicación. Tienes que verificar qué puedes comentar y qué no. Pero yo te ayudo, paso a tu casa y lo vemos juntos -prometió.

Y efectivamente, pasó a mi casa, pero lo que vimos juntos fue el futbol: España pasó a la final de la Eurocopa; derrotó a Portugal en serie de penaltis.

Cuando le hablé, olvidé la afición de Daniel por cualquier clase de partido de futbol. Recuerdo el sábado que nos acompañó a la equinoterapia de mi hijo Emilio al Ajusco, estacionó el coche a la orilla de una de esas canchas de futbol llanero que hay en la carretera para ver el juego. Le voy a los que atacan de bajada -dijo- y señaló el desnivelado campo de juego que pintado con cal y provisto de dos porterías, era la falda de un cerro entre semana.

Quedamos de vernos alrededor de las 12 -sugirió Daniel. Antes no puedo porque tengo que ir al juzgado. Sabemos los mexicanos que el concepto-horario de alrededor de las 12 puede variar desde las 12:10 hasta la 1:30. Daniel llegó 15 minutos antes: a la una y cuarto hizo su arribo con un cargamento de botana y un six de cerveza. Ante mi anonadación causada por la hora de su llegada y la carga no pedida, Daniel me explicó que el tráfico estaba cañón, además se entretuvo demasiado al comprar las cervezas y las frituras. ¡Coño! -comentó-, pinches OXXO, a pesar de que hay uno por cada 325 habitantes, siempre están hasta la madre; hasta para comprar unos chicles hay que hacer cola.

-Pero no era necesario -le dije- que trajeras nada.

- ¿Qué? No sé tú, pero a mí me gusta ver el fut acompañado de unas chelitas y botaneando.

- ¿El fut? Pero si a lo que vienes es a explicarme el Cofipe.

- Todo a su tiempo -espetó Daniel y encendió la tele.

Así tomé conocimiento de que estaba por comenzar la confrontación futbolística entre las dos selecciones ibéricas para dilucidar quién sería una de las oncenas que disputarán el máximo galardón del balompié europeo. (Ustedes disculparán la ornamentación innecesaria de mi lenguaje, pero mi sintaxis se alambica cuando me encabrono).

El artículo 237

Esperé a Daniel para que me explicara con exactitud de qué manera incumbe la llamada veda -prohibición, impedimento, privación, suspensión, proscripción, como ven sigo encabronado- en los comentarios emitidos desde una columna periodística para no caer en falta según los criterios de la autoridad electoral y el que se dice mi amigo llega directamente a ver el futbol. De ahí mi enojo. A pesar de éste o para disiparlo yo también me puse a ver la televisión. El partido no fue lo bueno que se esperaba. Con base en esto por ahí del minuto 30 hice un intento para que Daniel me explicara lo del Cofipe.

En el medio tiempo lo vemos -prometió mientras abría una bolsa de Cheetos.

Llegó el medio tiempo y le recordé su promesa. Mira -me dijo con displicencia- busca en Internet el mentado Código. Encendí el módem y comprobé una vez más que el Internet que tengo en mi estudio tiene una recepción que es deficientemente proporcional a la urgencia con la que se necesite. O dicho en palabras llanas: es una mierda.

Con mi laptop salí al patio donde la recepción mejora, luego de batallar un rato localicé el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales. Mientras tanto, Daniel realizó lo siguiente: orinó dos veces y mandó al vigilante del condominio donde vivo a comprar otro six de serpientes frívolas -sólo para él, porque yo no tomo cerveza y menos ahora que van a ser belgas. Le hago ver este detalle y Daniel muere de risa, me dice: voy a tener que dejar de chupar para que no suene a albur.

Para esto le digo que ya localicé el Código y le paso la compu para que busque y me explique el artículo indicado. Demasiado tarde, ya empezó el segundo tiempo que resultó más aburrido que el primero. A la mitad de éste le digo a mi amigo. Mira ya no me ayudes. Sólo dime cuál es el artículo que habla de la veda. No lo sé -se sincera- yo soy penalista. Ese pinche Código ni lo he leído, pero búscale y orita te lo interpreto.

Busco y leo mediante el método de lectura dinámica -el mismo que estudio Woody­ Allen y que le permitió leer la novela La guerra y la paz de Tolstoi en cuatro horas. Creo que sucede en Rusia , dijo al terminar de leer.

Por fin di con el artículo que habla de la veda electoral, es el 237. Iba yo a leerle a mi amigo los incisos 4 y 6 que en mi concepto son los más referentes al trabajo informativo cuando se terminaron los tiempos extras y empezaron los penaltis. No pude resistir. Tenía yo que ver eso. ¡Ganó España! Yo estaba feliz y Daniel hasta las chanclas. Luego de orinar, me ordenó leerle el inciso 4 del artículo 237: El día de la jornada electoral y durante los tres días anteriores, no se permitirá la celebración ni la difusión de reuniones o actos públicos de campaña, de propaganda o de proselitismo electorales .

Ves -dijo con su voz tartajosa- inter, intrerp, intrer, le costó trabajo pero dijo: interpreta lo que eso quiere decir. Creo que la llamada veda electoral no me afecta -razoné en voz alta- siempre y cuando no haga yo a través de mi columna proselitismo, es decir, escribir de manera que incite a votar por algún candidato o candidata. Luego leí el inciso 6 y entendí perfectamente que se prohíbe a los medios dar a conocer durante tres días previos a la elección y hasta el cierre oficial de los comicios encuestas de preferencias electorales. Eso es todo.

Eso, lo inter, inpret -otra vez se tardó pero lo dijo bien- interpretaste de manera correcta. No sé ni para qué me llamaste si pudiste hacerlo solo. En cambio abusaste de mi tiempo miserablemente.

¡No mames pinche Daniel! El que abuso de mi tiempo fuiste tú. Son las 5 de la tarde y no sé qué escribir por esperar tu consejo sobre lo que puedo o no puedo escribir.

Pues ya leíste la ley y puedes escribir lo que quieras de los candidatos y la candidata, menos hablar bien de ellos porque puede intre, inter, inore -otra vez se tardó pero lo dijo- interpretarse como simpatía hacia él o ella para conseguirle votos. Te aconsejo que hables mal de los cuatro. ¿Qué digo? -pregunto ingenuamente. Ése es tu pedo -me dice el ídem de mi amigo abogado- ah, ya sé: escribe que Peña Nieto es eyaculador precoz, que Josefina tiene mal aliento, que López Obrador tiene almorranas y que Quadri es candidato del Panal porque se anda tirando a La Maestra.

Aproveché que se fue al baño a orinar por séptima u octava vez para sentarme a pergeñar mi columna que estoy terminando tarde. Ah, ya sé -me sugirió al regresar- se me ocurrió algo que está de poca madre: Escribe una ficción de que por razones de que Peña Nieto va a tener que dar un quinazo para legitimizarse como Presidente, Romero Deschamps siente que se van a ir sobre él y logra convencer a un grupo de gobernadores y exgobernadores que también pueden ser víctimas de esa medida a no mover sus influencias en favor de Peña, sino en favor de Josefina o de Andrés Manuel. La cuestión es que el resultado de la elección es un triple empate por 33% de los votos para Peña, Josefina y Andrés Manuel y 1% para Quadri. Como están empatados se van a tiempos extras.

La mentada de madre que le dirigí a Daniel no alcanzó los 122 decibelios de ruido que alcanzó la dedicada a Emilio González Márquez, gobernador de Jalisco, por 5,000 de sus gobernados, pero de que se oyó, se oyó. Tan fue así que tres vecinos al mismo tiempo me contestaron: La tuya.

Oí por ahí

Era tal su sobrepeso que cada vez que subía a la báscula se hacía de la vista gorda.