Los protagonistas principales del acuerdo exponen términos y compromisos, en algunos casos, irreconocibles con el documento oficial emitido por el Departamento de Estado de Estados Unidos

Terminado el primer episodio de la crisis de los aranceles desatada por Donald Trump entre Estados Unidos y México, se pasean diferentes versiones de los acuerdos. Los protagonistas principales exponen términos y compromisos, en algunos casos irreconocibles con el documento oficial emitido por el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Como suele suceder, a la cabeza está el presidente Trump, quien apenas horas después de hablar con el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, se salía del guión para prometer a sus agricultores más ventas al vecino del sur. No se habló del tema, dice México. ¿Y si el secretario de Agricultura, Sonny Perdue, le dijo a Trump que en su entrevista con su homólogo, Víctor Villalobos, hablaron de fortalecer el intercambio? Mi conclusión es que nada tenía que hacer Villalobos, no era su tema y sí daba pie para ampliar las expectativas.

Los plazos son vistos de manera diferente. Para Trump en 45 días debe haber resultados; el secretario Pompeo advierte que la evaluación será diaria; Ebrard aclara que en mes y medio se hará una primera evaluación, y López Obrador declara que él personalmente pidió una gracia de 90 días. Lo cierto es que el plazo es una especie de soga del ahorcado: si no hay avances vienen los aranceles.

El asunto de la Guardia Nacional trajo sus confusiones. Trump habló del despliegue de militares en la frontera sur de México. Se entiende porque en Estados Unidos la Guardia Nacional la conforman militares ubicados en los estados para funciones de emergencia, en particular catástrofes de la naturaleza, mientras que en México se viene trabajando en la conformación de una corporación más de carácter civil, aunque esté al mando y concebida por militares.

Otro tanto ocurre con el desarrollo de los países centroamericanos. Del lado mexicano se entiende que el vecino aportará recursos al proyecto, pero el secretario de Estado aclara que de momento no tienen considerado hacer inversiones en Guatemala, El Salvador y Honduras.

Pero la principal controversia la desató Donald Trump, al tuitear que hay un punto muy relevante que no se incluyó en el documento, que México deberá dar a conocer porque requiere de la autorización de los legisladores. Para algunos fue un farol del mandatario ante la publicación del diario The New York Times el domingo pasado, en el sentido de que no acordaron nada nuevo, que era lo mismo que convino en diciembre y marzo.

Trump reaccionó a su estilo, descalificando al diario, y fue más allá mostrando un papel que aseguraba era sólo una hoja del acuerdo secreto. Sobre el tema, el canciller Ebrard ha tratado de darle la vuelta, seguro para no confrontar a Trump. Aunque no pocos hemos coincidido en que el acuerdo secreto pudiera ser que México se asuma como tercer país seguro, exigencia inicial de Estados Unidos.

Quedan volando temas como si habrá un apoyo económico para atender a quienes empiecen proceso de asilo, la cantidad en que debe bajar el flujo de migrantes y otros asuntos. Al final de cuentas, pareciera que hicieron falta buenos intérpretes para asegurarse de que estaban entendiendo lo mismo.

Lo que podemos anticipar es que Trump ya tiene en los aranceles una opción de eslogan. Ahora puede subir al tema a China y la Unión Europea, los otros frentes donde ha desatado su guerra comercial.

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.